Skip navigation

Hoy ha brillado el sol ya de mañana, caldeando mi sonrisa a través de la ventana abierta; acariciando mi piel con sus rayos fugaces mientras sentía sus guiños de luz en mi espalda.

Hoy el viento dejó paso a la luz, entre las nubes. En ellas me he pasado las horas rotas, navegando a la deriva entre el recuerdo del sofá y la cama; entre mi nuevo olor y el sopor que me acechaba.

Hoy, (¡ay!) hoy, no te esperaba, un lunes tan diferente; sin lluvias, ni truenos, sin prisas ni gente. Un día en el que triunfó la falta de cordura y la valentía. Un día… lleno de vida.

 

Anuncios

Dicen que en la cima de una montaña no existen los problemas, que desconectas del mundo, dejas atrás todo lo que te atormenta. Pero mientras haya un hilo de cobertura continúas atado a tu vida, por mucho que las nubes te envuelvan y el sol te acaricie levemente; no eres capaz de dejar atrás lo que revolotea en tu mente, y vigilas el vuelo de los buitres para evitar mirar cara a cara al vértigo que trajiste desde casa y que te pierde.

Desde aquí arriba, a esta altura, ves con claridad cómo algo ha cambiado, y de repente te sientes más sola de lo que nunca has estado.

Hoy tenía que ser un día tranquilo, pues la noche fue muy larga y muy intenso mi delirio; pero evitando el reproche vine, yo soy mi propio enemigo. Y me alegro de perderme entre la niebla, de respirar libertad, de correr entre las sendas, pero no tenía hoy que haber venido; y me adelanto metro a metro buscando el silencio; quedando a solas conmigo; porque hoy, tan convaleciente, me sobran varios motivos.

Bajo de las nubes y pongo los pies en tierra. Sigo perdida sin rumbo y sigo sin comprender nada. Sigo sin saber encontrar las señales, mientras la veleta gira y gira dándome la razón que suponía: y es que en la falta de aliento, y en la falta de esperanzas, en falta de tus palabras y a falta de tus miradas; ya encuentro toda respuesta: es la señal que pedía… Y no la que quería.

En mi isla no hay secretos, ni peligros. Hay millones de canciones, de ilusiones, de sonrisas y de libros. Hay una playa desierta bañada en un mar caliente. En mi isla no hay mentiras, ni decepciones, ni gente. Hay árboles centenarios, que me acogen en sus brazos acunándome en la noche, al abrigo de los vientos que soplan entre las hojas y que intentan susurrar en mis oídos.

En mi isla no caben las dudas ni las decepciones; puedes encontrar sonrisas en todos sus rincones. Cantar está permitido, a voz en grito. También reír a carcajadas, bailar sin vergüenza alguna, llorar a la desesperada como si no hubiera un mañana. El ayer allí no existe, y el futuro allí no importa. En mi isla no hay relojes, allí no pasan las horas, allí el tiempo se detiene, no hay dolor ni mal. ¿Te vienes?

En mi isla todo es posible, no hay límite a la locura. Puedes subir sus montañas y saltar, caerás en zona segura. Mi isla de lagos azules, de arcoiris, de cascadas. Rodeada de arrecifes de coral, peces espada, tiburones que ni muerden ni te atacan. Mi isla de los frutos dulces, con fuentes de caramelo. Donde no existen ni el temor ni el miedo.

Aquí nunca hay pesadillas, y la arena jamás quema. En mi isla puedes dormir a cualquier hora, tanto como quieras, a pierna suelta. Es mi lugar favorito, me llena de paz y calma. Es mi isla de los deseos, donde pierden la batalla los remordimientos, donde no puede algo estar mal, si yo lo siento bien; dentro. Es el lugar que elegí para dar mi primer beso. Es allí donde se cumplen todos mis deseos.

Mi isla es un lugar especial, donde fluye la magia, donde viven los sueños. Mi isla, fugaz y escondida; creada a partir de la nada; es mi patria, mi frontera: este, es mi lugar perfecto.

Entre la falta de luz entré suavemente en el vacío, tumbada al abrigo de los grados con los que la fiebre me invade, con los ojos cerrados y el sudor constante; el frío que me atenaza, me arropo, me falta, me sobra. Me enredo en mis delirios; pesadillas que me atemorizan y me abandonan en mi soledad. Despierto ahogada en la noche, respiro y me falta el aire. Pánico, conciencia, ecos de un latido desacompasado; corazón de cobarde. Arde mi angustia; quema tu ausencia. Duele mi inoportuna falta de paciencia. Recuerdo: el agua me envuelve, pierdo mi isla, sus gritos duelen, el sol se apaga y tú… ni existes, ni estás, ni te vas ni vuelves.

Recibo el día a través de las persianas cerradas, demasiado pronto para poder pensar en nada. Las drogas me hacen de guía, me dan consuelo, me encienden, me apagan, y dormito en un sofá a la desesperada. Planeamos mil desvaríos, el estado febril con cada ‘clinc’ más lejos queda, y poco a poco te llevas los últimos retazos absurdos, destrozando así el sentido de mi pesadilla entera.

Soñamos canciones, oasis, islas, fondos marinos, mentiras e ilusiones. Duermo contigo, tan lejos que al despertar ya te has ido. Sueños calmados, tranquilos, rodeados de mar en calma; los guardo escritos en aquel cuaderno en el que siempre me escondo y que jamás comparto. Se me fue la hora, voy tarde, voy con prisas; la cerveza amarga me sabe a tu boca que me es tan desconocida. Me arrastran, me dejo llevar a otro destino que hoy no esperaba, pues ni se encontraba en mis mapas ni en mi camino. Me voy a casa, caminando al ritmo de mi música; olvidando comprar algo que sé que no me hará falta, escribo, y luego, escribo. Y quizá hoy con suerte, no sueñe contigo.

   Cómo sobrevivir a un día perfecto, en el que no tienes motivos para quejarte, en el que transcurren los minutos y no se borran las sonrisas, en el que todo fluye fácilmente y sin prisas. Te buscas, me encuentras y el universo se pone a mis pies concediéndome uno a uno mis deseos. Y es que hoy es un día nuevo, en el que amanecí entre zancadas y arcoíris, en el que sin esperarlo se me regaló una mañana entera. Hoy es un día en el que los astros se alinean para mí, en exclusiva, aunque compartiré contigo mi suerte si la necesitas.

   Cómo sobrevivir a un día impecable, sin vivir al abrigo de la angustia del mañana, que será irremediablemente peor que este hoy que ya casi acaba. Hoy; día de cifras perfectas, es el siete con estrella, el de la buena ventura, el día que nada ni nadie puede arrebatarme nunca. Me buscas, te encuentras y el espacio sideral gira al ritmo que le he impuesto. Y es que hoy, fue un día estupendo; en el que vi caer la lluvia y me sentí viva, el día en que los planetas bailan al son de mi música, puedo dejarte escucharla, prestarte un poco de fuego en esta noche tan fría.

   Cómo mejorar un día de suerte inconmensurable… esperaré a que esta hora que aún me queda, todavía me sorprenda, regalándome armonía en este tiempo de descuento, que recibo con sosiego mientras aguardo calmada la visita de un mañana, del que, si bien no espero que sea reincidente, confío en que mi fortuna continúe, regalándole al nuevo día un aire algo diferente.

   Y aunque aún me quedaría tiempo para extenderme un buen rato, y relatar una a una las cosas buenas del día, creo que alargar el tema no aportaría nada al mundo, y, siendo tan personal mi observación subjetiva y mis recuerdos, profundos; mejor los guardo conmigo a buen recaudo en mi mente, que cuando una palabra escapa, ya nadie te la devuelve; y los sueños, si se cuentan, no se cumplen fácilmente.

     Empiezas con un día gris oscuro, casi negro; hoy, tú, la dama de blanco bebes gota a gota del agua que cae desde las nubes. Pero sólo es el principio pues, sin esperarlo, tus respuestas se ríen de sus preguntas y mientes, sonriendo, a la cámara que intenta desnudarte por dentro. Se tornan absurdas todas las veces que has ignorado lo que ocurría en tu destino, pues ahora te golpea a bofetada abierta haciéndote rendir a la evidencia. Con un ciclón en tu cabeza intentas trabajar mientras las lagunas conversacionales te hacen sentir artificial y falsa y, recuerdas, que cuando no eres capaz de escuchar has de asentir con estilo distraído y con frecuencia. Te escapas a la vida, entre las calles mojadas. Las voces de tu cabeza gritan, hoy no hay forma de callarlas; y una vez, y otra vez, y una vez más aumentas el volumen de la música hasta que te aíslas de ti para no ver ni escuchar nada. Tomas asiento bajo el cielo encapotado, llega tarde tu arcoíris, bien acompañado. Y sonríes, en serio, sonríes, de verdad y un poco de mentira, y a ratos estás y no estás, y escuchas, y contestas, y quieres estar y quieres irte, y quieres estallar y te contienes, y no cabes, no. Te asfixias, y te despides, y echas a andar decidida, y llegas y firmas y te marchas, y te doblegas ante las casualidades de la vida; que tal vez te advierten, inconscientes e instintivas que en el mundo en que vivimos no todos los caminos son fáciles y que hay rutas sin salida.

     Vuelves a hundirte en las prisas, dejándote arrastrar entre las horas y decides poner fin antes de terminar para no volverte del todo loca. Te marchas con tu pequeño oasis revolucionario, que siempre te hace olvidar, y reír, y sonreír y acertar. Te encuentras con el hada que siempre te escucha, y sus preguntas te erizan la piel poniéndote alerta para tu propia lucha, y consigue que, escupas irreflexiva cada una de tus dudas,; cómplice te acompaña, y leal te da la mano, siempre comprendiendo cada excentricidad y locura.

     Te encierras en la pantalla, sin querer escribir nada. Pero alguien te pregunta, y aunque al principio recelas, tú también te lo preguntas. Por qué evitar ser quien eres cuando sabes que frente al teclado te aclaras y se despejan tus dudas. Y es entonces, entre el silencio de la noche cuando te das cuenta de que todas tus paranoias de hoy han sido una pérdida de tiempo absurda. Porque… ¿Por qué no soñar mientras se pueda? ¿Por qué no pensar que hay un mañana? ¿Para qué permitir que la ilusión naufrague y se hunda?

Si escribo de día en tu espalda, las palabras que en lo más profundo de la noche al caer desaparecieron, comprenderás lo que te quiero decir pero no puedo.

Si me pierdo entre tu boca, buscando el rumbo de Marte entre estas líneas vacías, una explosión estelar alterará para siempre tu vida y la mía.

Si hoy abandono mis sueños, los que desde hace años me acompañan, quizá despierte en una piel diferente, que ni siente, ni te extraña.

Avanzando lentamente, por las calles aún vacías, observo allí muy a lo lejos el eco de un espejismo que me atrae; que me rescata; me oculta el sol y el abismo. Y me acerco, y sí, me quemo, y me caigo sin remedio, y el vértigo me acompaña vestido de espanto y miedo. ¿Dónde duermen hoy las musas, que en mi cabeza susurraban y que ahora no las encuentro? ¿Dónde vive la hechicera que un día nació conmigo y que en los últimos años se disolvió en mil cenizas de tanto mirar al fuego?

Retrocedo, voy, no puedo. Adelanto, estoy, regreso. Ven, cógeme de la mano y arrástrame hasta mi infierno. Abro, juego, pierdo, cierro. Dime dónde está el camino, dime, ¿lo busco, o me pierdo?

Trazarás constelaciones en mi piel,

con las líneas que acariciaste una vez.

Contarás miles de estrellas sobre mi

si la noche hoy nos vuelve a sorprender.

Dejaré de soñarte,

te convertiré en mi realidad,

esta vez, no lo podremos evitar.

 

Sentirás un huracán dentro de ti,

recordando las caricias que te di.

Beberás de mi mirada una vez más

y esta noche no daremos marcha atrás.

Volveré a encontrarte,

gritaré contra el amanecer,

y tal vez, volveremos a caer.

 

Y te irás, porque es tarde, mi amor.

Déjame, sólo decirte adiós.

Con los besos que me diste y te di yo.

 

Volveré a buscarte en aquel bar, dime pronto si vendrás, que yo te espero.

Soñaré que eres libre y que saldrás, de tu esfera de cristal, de tu jaula de metal…

Y estarás siempre a mi lado al despertar… al despertar.

Vivo por y entre mis notas, las de mis cuadernos desgastados, las de la música que siempre va conmigo. Respiro el viento que a su ritmo me acompaña, susurrándome al oído la dulce melodía de esta obra de teatro a medio ensayar que es mi vida. Ahora ves, pero no miras. Tú no existes, tú me inventas: me iluminas. Tú, ignorante en tu día a día, asomas en mis silencios, en mi conciencia… en mi ruina.

Vivo de anhelos y sueños, los que nacen de mis sábanas blancas y los que me acompañan siempre que estoy despierta. Inspiro el aire que a su compás me ahoga, gritándole a mi cabeza con la brutal armonía de este libro inacabado cuyas páginas en blanco por momentos desafinan. No es más que melancolía, por las cosas no vividas. Deshojada en tu memoria, me cuelo entre tus sonidos, en tu cabeza, en tu inesperada sorpresa de naturaleza alcohólica e incomprendida.

Vivo, ¡si! porque no vivo. Grito, escucho, escribo, invento. No hay canción inacabada, no hay escrito sin sentido. Cada palabra que escapa es porque la sientes dentro. Duermo, ¿o no? ¿por qué no duermo? si sólo cerrar los ojos me traslada a mis ensueños, y vivir una quimera, de noche, en la madrugada, rompe a la desesperada las cadenas que, cerradas, detienen aquí bien dentro cada línea de este texto; sin metas, tan imperfecto, como el insomnio que hoy tengo, y que pronto dará paso a este montón de pretextos que olvidaré en cuanto duerma; que volverán si despierto.

¿Y si el mundo se acaba y me encuentra estudiando, con la cabeza escondida entre los libros? ¿Y si el tiempo se termina, y en vez de jugar al sol quise ver un arco iris y, cuando lo vi: llovía?

¿Cómo ignorar la distancia que hay de tu boca a la mía?

Déjame dormir solo un instante, para completar el sueño que duerme junto a mi almohada; que comenzó al conocerte y que nunca acaba. Déjame soñar con nuestras bocas, que a susurros comparten el aliento, sin el valiente atrevimiento de avanzar hasta chocarse. Sueño despierta, dormida, con encontrar la salida que despoje de congojas el alma y el pensamiento.

Déjame mirar tus labios, y acercarlos a los míos; que la gravedad olvide que nunca podré sentirlos.

Acércate lentamente, que este corazón latente se desboque y se despierte.

Mira, toca, roza, besa; que nuestras almas se fundan al compás de la certeza de saber que no es posible evitar lo inevitable, o ignorar estas señales que me acercan locamente a tus besos indecentes que prohibidos me esperaban y, junto al dolor consciente, del error, ser consecuente. Y sentir, lengua con lengua, suspiro contra suspiro, intercambios de pasiones que en mi sueño se perdieron. Y, al alba, junto a mi despiertos, se acurrucan los recuerdos de aquel beso que no ocurrió mas que en sueños.

¿Y si el mundo se acaba y me encuentra estudiando, con la cabeza escondida entre los libros? ¿Y si el tiempo se termina y me perdí todos los besos que tú y yo nunca nos dimos?