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Category Archives: Sin Pensarlo Demasiado

Te robé la vida. Llegué entre las sombras de la noche, las que me acechan y me ahogan, las que me atraen y me acompañan; las que me gritan que te deje volar.

Te regalé una vida. Llegué como el sol una mañana, llenándote de buenos días, de buenas noches, de sueños, de dulzura, de planes, de futuros.

Te robé la vida. Y te condené a susurros y a silencios; a un amor en el encierro, a un escondite perpetuo. A una espera que, desesperada, intenta romper las amarras a las que se encuentra encadenada.

Te regalé una vida. Diferente, llena de imprecisiones, de indecisiones, de momentos extraviados llenos de magia, de abrazos clandestinos, de miradas profundas, de dudas infinitas.

Te robé la vida. Y con ella, me llevé miles de besos. Siempre furtivos, siempre prohibidos, siempre atentos, siempre alerta, con el corazón encogido, con calma, con miedo, con el sinsabor de vivir sin saber cuándo volverán aquellas caricias que por el camino se perdieron.

Te regalé una vida. Te soñé mientras dormía. Me anclé a tu cuerpo cada noche, durmiendo al abrigo de tus brazos y arropada por la espalda, con la paz que me daba saber que nunca te perdería.

Te robé tus noches, te robé tus días, te robé tus fiestas, tu tranquilidad, tu descuido. Te robé tus verdades, te robé tus misterios, tus amigos. Te robé la oportunidad de ser siempre sincero, y la de vivir todas las noches acompasado a otro cuerpo que no sea el mío. Te robé la tranquilidad y la certeza. La oportunidad de vivir sin ocultarte, de besar sin mirar atrás, de querer sin velos ni secretos, sin mentiras ni, tristezas, ni decepciones, ni lamentos.

Te regalé una vida. Una vida entera. Te regalé mi corazón, mi alma, mi mente, mis sueños. Mi conciencia, mi inconsciencia, mi cuerpo, mis lágrimas, mis sonrisas. Te regalé mis miedos, mis carencias, mi conformismo, mi estabilidad. Mis latidos, mis suspiros, mis días y mis noches, cada uno de mis segundos, cada duda, cada acierto, cada decepción, cada momento.

Te robé la vida y, a cambio… te regalé la mía.

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Quise morir de alegría, y apenas sobreviví. Quise ganar a toda costa, aunque perdí. Quise honrar a mis amigos, cuidar a mi familia, quise ser mejor persona; pero no lo conseguí. Quise escribir un gran libro, y en la segunda página lo dejé. Quise soñar, pero me desperté. Quise ser sincera, y me mentí. Quise perderme en la noche, y me encontré. Quise ver amanecer y el sol se fue.

Quise vivir de nostalgia, y me golpeó el presente. Quise avanzar y caí de espaldas. Quise llorar, pero reí. Quise marcharme y me quedé. Quise correr, quise seguir, quise saltar; y me tumbé. Quise volverme invisible pero al mirarme al espejo, estaba allí. Quise encontrarte y no te busqué. Quise besarte y me cohibí. Quise soñar despierta y me dormí. Quise cantarle al mundo, y me callé. Quise gritar y enmudecí. Quise sentir, quise volar, quise vivir… quise SER… y nunca fui.

Hoy cumples mi número mágico, el de la buena suerte. Hoy hace 7 años que llegaste a mi vida haciendo que el sol brille aún más fuerte cada día. Hoy te veo despertar con una gran sonrisa y alucinando porque me haya acordado de regalarte las dos tonterías que más ilusión te hacían.

Llegaste con miedo a quedarte, a esta dimensión desconocida en la que yo te esperaba impaciente con una dosis de pánico y otra de infinita alegría… Y me lo pusiste muy fácil, buscando tu hueco sobre mi pecho y entre mis brazos, donde te quedaste tan a gusto que durante años no querías moverte de allí.

Este año, te he visto crecer aún más que nunca, no sólo en centímetros, sino en palabras, en formas de actuar, en emociones. Este año te has hecho independiente, has creado un pensamiento crítico y propio, no dejando que nadie, ni siquiera yo, te lo robase, y no sabes lo orgullosa que estoy cuando me llevas la contraria… es la señal inequívoca de que algo estoy haciendo bien como madre.

Gracias por regalarme cada día la mejor de tus sonrisas; por enseñarme que muchas veces estoy equivocada. Por dejarme ganar en las guerras de cosquillas y por abrazarme con todas tus fuerzas. Por pedirme un beso, y otro, y otro, por invitarte a mi cama diciendo que me vas a leer un cuento y hacer que te lo termine leyendo yo. Gracias por quererme incondicionalmente, por perdonarme siempre; por hacerme la vida muchísimo más divertida y por enseñarme a amar sin condición ninguna.

Vive, mi vida. Vive tu vida como si el mañana no existiera. Vive con la inocencia de toda la infancia que aún te queda. Disfruta cada segundo, cariño mío, porque al final del día es lo único que tendrás. Sigue creciendo, por fuera y por dentro. No demuestres nada a nadie, sé siempre fiel a ti mismo. Y cómete el mundo cada día, sal a la calle dispuesto a saltar en los charcos, a bailar bajo la lluvia, a jugar con cada sombra, como cuando me haces mantener el equilibrio al contarme que si me salgo de las baldosas blancas me caigo a un estanque lleno de cocodrilos o de tiburones hambrientos. Nunca pierdas tu imaginación, tu creatividad, nunca dejes de correr, ni de cantar. Nunca dejes que nadie te diga cuál es tu camino a seguir. Te quiero libre, te quiero salvaje, te quiero tal y como eres. Y sobre todo, no olvides lo más importante. Siempre, siempre: sé feliz.

Muchas felicidades, Daniel. Muchas gracias por ser así.

Hoy respiro a través del aire que te sobra: tú, mi patria, mi frontera, todos mis sueños, mi sombra. Me falta el aire y me ahoga esta sensación de asfixia que no me abandona.

Ven, vida, y hazme el boca a boca; que tu aliento se convierta en mío, devuélveme el corazón, la razón, la inspiración y el sentido.

Ven conmigo, al abrigo de esta loca, que perdió la cordura al despertar una mañana, al encontrar frente al espejo una reacción que no esperaba.

Ven y abrázame bien fuerte; que se me escapa la vida que soñé contigo, que eres mi paz, tú, mi guerra; mi presente y mi destino.

Hoy inspiro el aire que a ambos nos falta, y te busco entre los renglones de mis letras. Tú mi prosa, mi poesía, mi lírica, mi poema… Mi vida entera.

Él llegó una noche desde el planeta verde, donde no brilla el sol. Donde la luna no fue; donde ella nunca existió, por muchas vueltas que él diera, nunca jamás la encontró.

Ella, desde un asteroide rojo vino a aterrizar. Puro fuego, vida, luz, luchando cada minuto con su propia oscuridad, creyendo en la magia, en el destino, en el azar.

Él, tan osado, tan decidido, valiente. Ella, alérgica a la gente. Él, nocturno y sonriente. Ella: luz, melancolía. Él; nómada sin equipaje. Ella, atrapada en esta tierra, por su espíritu salvaje.

De planetas tan distintos ellos cayeron, y un buen día, por casualidad se encontraron. Sin mediar palabra alguna, ella y él se enamoraron. Y vivieron noche y día, entre sueños; tan felices, que nunca importó que llegasen de mundos tan alejados, pues mirándose a los ojos se entendían perfectamente, rojo, verde, blanco y negro, dando gracias a su suerte.

Pero los sueños, son sueños, y no siempre están cuando despiertas. Cuando miras el futuro y ves diferentes metas. Él se levanta, cuando ella se acuesta. Horarios acompasados siempre: pero a la inversa. Ella, tan de dar vueltas a la cabeza. Él, tan de vivir al día, ella un puzzle, él una pieza.

Y aún en mundos tan dispares ambos se reconocieron. Nada más chocar, a los minutos de encontrarse, lo supieron. Y aunque a veces, todo basta, y el amor es suficiente, otras veces, nada vale, por mucho que ambos lo intenten.

Todavía ellos se encuentran, por magnetismo inconsciente, deseando vivir juntos, lado a lado, frente a frente. Luchando con las mareas, nadando a contracorriente; soñando con un futuro feliz, completo, vivo, ardiente.

Todavía ellos se buscan, y se adoran, y se admiran, se completan mutuamente. Hablado un desconocido idioma que solamente ellos comprenden. Todavía van buscando la manera de quererse; sin secretos, sin mentiras, de una forma sorprendente… aún sabiendo que vinieron de planetas diferentes.

Me tumbo sobre el calor abrasador de esta playa. El cielo es mi mundo, el sol quien me arropa, la arena: mi cama. Y a mi alrededor un interminable bosque de sillas y sombrillas, con un pequeño sendero que me aleja de la orilla.

Desde este fuerte veo las sonrisas sinceras de los niños. Las miradas eternas de los enamorados. Los besos que no se les acaban. Las parejas jugando a la pelota o a las palas. Las familias paseando en barca. Y cierro los ojos, desactivo el WhatsApp y subo el volumen de la música, para dejar de pensar.

Añoro mi irrealidad, navegando a la deriva, perdiéndome en una isla, buscando el silencio, la paz, la soledad. Y me encuentro de vuelta, rebozada de arena, salpicada de agua, con boca de payaso dibujada a todas horas y tragando las ganas de escapar.

Estoy en blanco, vacía, sin ideas, sin sueños, sin metas, sin planes, sin futuro, sin vida, sin ganas de vida. Estoy que no estoy. Estoy que no me lo creo. Estoy bajo la atenta mirada de una cámara fija que no me deja respirar. Me siento enjaulada, observada, encarcelada, bajo la monitorización constante del teléfono, un show de Truman, un gran hermano, una vida completamente organizada sin un solo segundo para mi serenidad ni para la improvisación.

Necesito volar lejos, donde los sonidos no existen. Saltar desde lo más alto, donde nadie me mire. Gritar hasta dejarme la voz, cuando nadie me escuche. Llorar contra mi almohada durante una semana entera, donde nadie me vea. Cantar hasta que me duela la garganta, las canciones que en mi cabeza resuenan.

Mi calma llega entre los libros, mi ansiedad se disuelve entre mis letras. Y hasta eso, ahora, será analizado con lupa, cada frase, cada párrafo, cada punto, cada coma.
Mi calma llega entre los árboles, mi ansiedad se disuelve entre las hojas. Y ni siquiera me han quedado fuerzas de escaparme hasta el puente de los suspiros, a suspirar tranquilamente, a escuchar el sonido de los pájaros, a sentir el viento en mi frente, a soñar con una vida en la que  se puede convivir en libertad; en la que todo es diferente y, a la vez, todo es igual.

Soñé que de verdad lo conseguía; que escribía miles de palabras llenas de emociones; de historias tristes, de risas, de ilusiones. Soñé que todo tenía sentido y que página tras página mi sueño se convertía en libro, el cual quizá con escaso éxito acaso consiguiera llegar al corazón de algún lector amigo mío.

Soñé que al escribir creaba otra realidad nueva, y que sólo con plasmar mis letras en la pantalla mis personajes cobraban vida. Que mis deseos manuscritos sin más se realizaban, que hasta la felicidad saltaba de alegría, y que el dolor, el desengaño, la culpa y las rasgaduras, entre los capítulos incompletos se quedaban y se perdían.

Afrontaré la verdad tal como venga, aunque en el camino quizá me pierda. Asumiré la gran carga de todos mis nuevos defectos; aquellos que creí imposible tener cuando vivía inmersa en mi mundo lleno de aquellos autoengaños tan perfectos. Aceptaré el control de mis carencias, pues ni supe que las tenía hasta que te inventé aquel día.

Tú, personaje perfecto, conectas con mi heroína. Amante de mi alter ego, descrito con tal exactitud y excelencia que cuando sepan que existes todos creerán que es mentira. Saltarás de entre las páginas, tan real como mi existencia.  Tú, mi música, mis letras, mi cabeza, yo, tu amiga. Tu otra alma, tu confidente, tu compañera de vida.

Soñé que de verdad lo conseguía; y que describía al detalle un futuro que en realidad creaba. Soñé que en esta vida sólo son necesarias las palabras. Que la verdad nace de mi fantasía, que tangible se presenta, indestructible, tan mía, más real a cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día. Y que yo, entre aquellas páginas, dejé atrás quién creí que era, reescribiendo cada párrafo para que nuestras almas se encontraran; y así, perdida en tus brazos, al fin me reconocieras.

Prométeme una vida, llena de vida. Un sueño lleno de sueños, un rincón que arrincone cada uno de mis miedos. Una isla solitaria, en medio de la nada, donde el sol busque un hueco para asomarse cada día, por muchas nubes que haya.

Prométeme que este mundo aún girará mañana, que la luz entrará a raudales a través de las ventanas, dejando ver a su paso las motas de polvo sostenido que bailan al compás de mis suspiros. Prométeme otra madrugada, un día más, otra mañana, en la que las ilusiones brillan fuerte y nunca acaban.

No duermo, si no es contigo, respirando sobre mi nuca suavemente, aunque a veces sólo sea a través de un sueño imprudente. Si no es por tí no despierto, con el beso que me das tan dulcemente que si me falta, me muero.

Prométeme mil silencios, llenos de palabras enlazadas, entre las que descubrimos que los hilos del destino los tejen las hadas. Prométeme cien secretos, enigmas que una vida entera no resuelva,  para que siempre nos queden por descubrir nuevos misterios.

Ven, júrame que estás conmigo, y que el tiempo, largo, corto, raudo o lento, es relativo. Júrame una vida entera, de recuerdos que, si pudiera, reharía de cero contigo.

Me duermo, pues ya es muy tarde, y tú hace un rato que abrazas la almohada, en la que yo hace poco, te esperaba. Me despertaré mañana, besándote en cada palabra, con la inercia de las horas que hacen avanzar el día, hasta que vuelvas conmigo, y te abrace a lo despistada, con rapidez y presteza, y la dulce calidez provocativa, de la distancia que marcan nuestras mirada furtivas.

Mañana llega tarde y lento; permanece aún escondido entre las sombras, aguarda callado a que lleguemos, el mañana que esperamos, el que ayer deseé, el que tendremos.

Soñaré con un mañana que ya asoma, entre el duermevela de esta dulce noche. Viviré por y para mañana, por recibir el amanecer entre las calles, por comenzarlo a tu lado, en soledad, tú y yo y nadie, respirando ambos al compás del mismo aire.

No podré esperar hasta mañana, estúpida niña impaciente; sólo he de cerrar los ojos y este hoy me traerá el mañana, pero los fijo abiertos si estás conmigo, alargando el tiempo, saboreando cada palabra, imaginando que nuestro sol saldrá mañana, y soportando esta ansiedad hasta que llegue el alba.

A veces la casualidad te conduce mientras navegas a lugares interesantes en los que amarras el barco y te quedas. A veces creo que no creo, y otras, me rindo a la evidencia de que hay cosas que no se ven pero que existen. Creo que quizás ya hemos vivido; que sólo estamos de paso, que el karma es quien nos empuja y que los hilos invisibles del destino nos mueven por el tablero de la vida, como almas libres, errantes, que se encuentran por azar y que funden su camino; será coincidencia, suerte: destino.

Soy persona de pocas palabras al aire, de pocas personas. Soy más de sueños que de otras cosas. Soy sólo de quien sabe leer mi mente sin preguntarme, de quien conecta a un plano más profundo; de quien sonríe cuando algo bueno te ocurre aunque se encuentre al otro lado del mundo, o te pregunta cómo estás en el momento justo.

¿Crees en las almas gemelas? ¿En las almas dhármicas? Creo que sí existe un nivel de conexión irracional, que ni se busca, ni se fuerza, ni se puede evitar. En ocasiones no es necesario ni mediar palabra; se ve la corriente eléctrica que surge de la nada; un roce al cruzarte, una sensación, una mirada. Una mano que encaja, una canción, o tal vez, nada. Quizá no sea necesario intercambiar las sombras, pues hay quien deja una estela de luz que hace de guía; y es algo que sabes ya desde el primer segundo, aunque lo niegues, aunque te esperes, aunque no seas persona de creer en fantasías; cuando la superficie se hace corta y precisas ahondar en cada uno de sus pensamientos, sabes que conectas desde lo más adentro; y percibes que es para siempre, y descubres que esta primera vez no es la primera, y que esto, tan intenso, tan potente, tan urgente, no ha sido el único intento: esta vez, es el reencuentro.