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Category Archives: Sin Pensarlo Demasiado

Él llegó una noche desde el planeta verde, donde no brilla el sol. Donde la luna no fue; donde ella nunca existió, por muchas vueltas que él diera, nunca jamás la encontró.

Ella, desde un asteroide rojo vino a aterrizar. Puro fuego, vida, luz, luchando cada minuto con su propia oscuridad, creyendo en la magia, en el destino, en el azar.

Él, tan osado, tan decidido, valiente. Ella, alérgica a la gente. Él, nocturno y sonriente. Ella: luz, melancolía. Él; nómada sin equipaje. Ella, atrapada en esta tierra, por su espíritu salvaje.

De planetas tan distintos ellos cayeron, y un buen día, por casualidad se encontraron. Sin mediar palabra alguna, ella y él se enamoraron. Y vivieron noche y día, entre sueños; tan felices, que nunca importó que llegasen de mundos tan alejados, pues mirándose a los ojos se entendían perfectamente, rojo, verde, blanco y negro, dando gracias a su suerte.

Pero los sueños, son sueños, y no siempre están cuando despiertas. Cuando miras el futuro y ves diferentes metas. Él se levanta, cuando ella se acuesta. Horarios acompasados siempre: pero a la inversa. Ella, tan de dar vueltas a la cabeza. Él, tan de vivir al día, ella un puzzle, él una pieza.

Y aún en mundos tan dispares ambos se reconocieron. Nada más chocar, a los minutos de encontrarse, lo supieron. Y aunque a veces, todo basta, y el amor es suficiente, otras veces, nada vale, por mucho que ambos lo intenten.

Todavía ellos se encuentran, por magnetismo inconsciente, deseando vivir juntos, lado a lado, frente a frente. Luchando con las mareas, nadando a contracorriente; soñando con un futuro feliz, completo, vivo, ardiente.

Todavía ellos se buscan, y se adoran, y se admiran, se completan mutuamente. Hablado un desconocido idioma que solamente ellos comprenden. Todavía van buscando la manera de quererse; sin secretos, sin mentiras, de una forma sorprendente… aún sabiendo que vinieron de planetas diferentes.

Me tumbo sobre el calor abrasador de esta playa. El cielo es mi mundo, el sol quien me arropa, la arena: mi cama. Y a mi alrededor un interminable bosque de sillas y sombrillas, con un pequeño sendero que me aleja de la orilla.

Desde este fuerte veo las sonrisas sinceras de los niños. Las miradas eternas de los enamorados. Los besos que no se les acaban. Las parejas jugando a la pelota o a las palas. Las familias paseando en barca. Y cierro los ojos, desactivo el WhatsApp y subo el volumen de la música, para dejar de pensar.

Añoro mi irrealidad, navegando a la deriva, perdiéndome en una isla, buscando el silencio, la paz, la soledad. Y me encuentro de vuelta, rebozada de arena, salpicada de agua, con boca de payaso dibujada a todas horas y tragando las ganas de escapar.

Estoy en blanco, vacía, sin ideas, sin sueños, sin metas, sin planes, sin futuro, sin vida, sin ganas de vida. Estoy que no estoy. Estoy que no me lo creo. Estoy bajo la atenta mirada de una cámara fija que no me deja respirar. Me siento enjaulada, observada, encarcelada, bajo la monitorización constante del teléfono, un show de Truman, un gran hermano, una vida completamente organizada sin un solo segundo para mi serenidad ni para la improvisación.

Necesito volar lejos, donde los sonidos no existen. Saltar desde lo más alto, donde nadie me mire. Gritar hasta dejarme la voz, cuando nadie me escuche. Llorar contra mi almohada durante una semana entera, donde nadie me vea. Cantar hasta que me duela la garganta, las canciones que en mi cabeza resuenan.

Mi calma llega entre los libros, mi ansiedad se disuelve entre mis letras. Y hasta eso, ahora, será analizado con lupa, cada frase, cada párrafo, cada punto, cada coma.
Mi calma llega entre los árboles, mi ansiedad se disuelve entre las hojas. Y ni siquiera me han quedado fuerzas de escaparme hasta el puente de los suspiros, a suspirar tranquilamente, a escuchar el sonido de los pájaros, a sentir el viento en mi frente, a soñar con una vida en la que  se puede convivir en libertad; en la que todo es diferente y, a la vez, todo es igual.

Soñé que de verdad lo conseguía; que escribía miles de palabras llenas de emociones; de historias tristes, de risas, de ilusiones. Soñé que todo tenía sentido y que página tras página mi sueño se convertía en libro, el cual quizá con escaso éxito acaso consiguiera llegar al corazón de algún lector amigo mío.

Soñé que al escribir creaba otra realidad nueva, y que sólo con plasmar mis letras en la pantalla mis personajes cobraban vida. Que mis deseos manuscritos sin más se realizaban, que hasta la felicidad saltaba de alegría, y que el dolor, el desengaño, la culpa y las rasgaduras, entre los capítulos incompletos se quedaban y se perdían.

Afrontaré la verdad tal como venga, aunque en el camino quizá me pierda. Asumiré la gran carga de todos mis nuevos defectos; aquellos que creí imposible tener cuando vivía inmersa en mi mundo lleno de aquellos autoengaños tan perfectos. Aceptaré el control de mis carencias, pues ni supe que las tenía hasta que te inventé aquel día.

Tú, personaje perfecto, conectas con mi heroína. Amante de mi alter ego, descrito con tal exactitud y excelencia que cuando sepan que existes todos creerán que es mentira. Saltarás de entre las páginas, tan real como mi existencia.  Tú, mi música, mis letras, mi cabeza, yo, tu amiga. Tu otra alma, tu confidente, tu compañera de vida.

Soñé que de verdad lo conseguía; y que describía al detalle un futuro que en realidad creaba. Soñé que en esta vida sólo son necesarias las palabras. Que la verdad nace de mi fantasía, que tangible se presenta, indestructible, tan mía, más real a cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día. Y que yo, entre aquellas páginas, dejé atrás quién creí que era, reescribiendo cada párrafo para que nuestras almas se encontraran; y así, perdida en tus brazos, al fin me reconocieras.

Prométeme una vida, llena de vida. Un sueño lleno de sueños, un rincón que arrincone cada uno de mis miedos. Una isla solitaria, en medio de la nada, donde el sol busque un hueco para asomarse cada día, por muchas nubes que haya.

Prométeme que este mundo aún girará mañana, que la luz entrará a raudales a través de las ventanas, dejando ver a su paso las motas de polvo sostenido que bailan al compás de mis suspiros. Prométeme otra madrugada, un día más, otra mañana, en la que las ilusiones brillan fuerte y nunca acaban.

No duermo, si no es contigo, respirando sobre mi nuca suavemente, aunque a veces sólo sea a través de un sueño imprudente. Si no es por tí no despierto, con el beso que me das tan dulcemente que si me falta, me muero.

Prométeme mil silencios, llenos de palabras enlazadas, entre las que descubrimos que los hilos del destino los tejen las hadas. Prométeme cien secretos, enigmas que una vida entera no resuelva,  para que siempre nos queden por descubrir nuevos misterios.

Ven, júrame que estás conmigo, y que el tiempo, largo, corto, raudo o lento, es relativo. Júrame una vida entera, de recuerdos que, si pudiera, reharía de cero contigo.

Me duermo, pues ya es muy tarde, y tú hace un rato que abrazas la almohada, en la que yo hace poco, te esperaba. Me despertaré mañana, besándote en cada palabra, con la inercia de las horas que hacen avanzar el día, hasta que vuelvas conmigo, y te abrace a lo despistada, con rapidez y presteza, y la dulce calidez provocativa, de la distancia que marcan nuestras mirada furtivas.

Mañana llega tarde y lento; permanece aún escondido entre las sombras, aguarda callado a que lleguemos, el mañana que esperamos, el que ayer deseé, el que tendremos.

Soñaré con un mañana que ya asoma, entre el duermevela de esta dulce noche. Viviré por y para mañana, por recibir el amanecer entre las calles, por comenzarlo a tu lado, en soledad, tú y yo y nadie, respirando ambos al compás del mismo aire.

No podré esperar hasta mañana, estúpida niña impaciente; sólo he de cerrar los ojos y este hoy me traerá el mañana, pero los fijo abiertos si estás conmigo, alargando el tiempo, saboreando cada palabra, imaginando que nuestro sol saldrá mañana, y soportando esta ansiedad hasta que llegue el alba.

A veces la casualidad te conduce mientras navegas a lugares interesantes en los que amarras el barco y te quedas. A veces creo que no creo, y otras, me rindo a la evidencia de que hay cosas que no se ven pero que existen. Creo que quizás ya hemos vivido; que sólo estamos de paso, que el karma es quien nos empuja y que los hilos invisibles del destino nos mueven por el tablero de la vida, como almas libres, errantes, que se encuentran por azar y que funden su camino; será coincidencia, suerte: destino.

Soy persona de pocas palabras al aire, de pocas personas. Soy más de sueños que de otras cosas. Soy sólo de quien sabe leer mi mente sin preguntarme, de quien conecta a un plano más profundo; de quien sonríe cuando algo bueno te ocurre aunque se encuentre al otro lado del mundo, o te pregunta cómo estás en el momento justo.

¿Crees en las almas gemelas? ¿En las almas dhármicas? Creo que sí existe un nivel de conexión irracional, que ni se busca, ni se fuerza, ni se puede evitar. En ocasiones no es necesario ni mediar palabra; se ve la corriente eléctrica que surge de la nada; un roce al cruzarte, una sensación, una mirada. Una mano que encaja, una canción, o tal vez, nada. Quizá no sea necesario intercambiar las sombras, pues hay quien deja una estela de luz que hace de guía; y es algo que sabes ya desde el primer segundo, aunque lo niegues, aunque te esperes, aunque no seas persona de creer en fantasías; cuando la superficie se hace corta y precisas ahondar en cada uno de sus pensamientos, sabes que conectas desde lo más adentro; y percibes que es para siempre, y descubres que esta primera vez no es la primera, y que esto, tan intenso, tan potente, tan urgente, no ha sido el único intento: esta vez, es el reencuentro.

Hoy ha brillado el sol ya de mañana, caldeando mi sonrisa a través de la ventana abierta; acariciando mi piel con sus rayos fugaces mientras sentía sus guiños de luz en mi espalda.

Hoy el viento dejó paso a la luz, entre las nubes. En ellas me he pasado las horas rotas, navegando a la deriva entre el recuerdo del sofá y la cama; entre mi nuevo olor y el sopor que me acechaba.

Hoy, (¡ay!) hoy, no te esperaba, un lunes tan diferente; sin lluvias, ni truenos, sin prisas ni gente. Un día en el que triunfó la falta de cordura y la valentía. Un día… lleno de vida.

 

Dicen que en la cima de una montaña no existen los problemas, que desconectas del mundo, dejas atrás todo lo que te atormenta. Pero mientras haya un hilo de cobertura continúas atado a tu vida, por mucho que las nubes te envuelvan y el sol te acaricie levemente; no eres capaz de dejar atrás lo que revolotea en tu mente, y vigilas el vuelo de los buitres para evitar mirar cara a cara al vértigo que trajiste desde casa y que te pierde.

Desde aquí arriba, a esta altura, ves con claridad cómo algo ha cambiado, y de repente te sientes más sola de lo que nunca has estado.

Hoy tenía que ser un día tranquilo, pues la noche fue muy larga y muy intenso mi delirio; pero evitando el reproche vine, yo soy mi propio enemigo. Y me alegro de perderme entre la niebla, de respirar libertad, de correr entre las sendas, pero no tenía hoy que haber venido; y me adelanto metro a metro buscando el silencio; quedando a solas conmigo; porque hoy, tan convaleciente, me sobran varios motivos.

Bajo de las nubes y pongo los pies en tierra. Sigo perdida sin rumbo y sigo sin comprender nada. Sigo sin saber encontrar las señales, mientras la veleta gira y gira dándome la razón que suponía: y es que en la falta de aliento, y en la falta de esperanzas, en falta de tus palabras y a falta de tus miradas; ya encuentro toda respuesta: es la señal que pedía… Y no la que quería.

En mi isla no hay secretos, ni peligros. Hay millones de canciones, de ilusiones, de sonrisas y de libros. Hay una playa desierta bañada en un mar caliente. En mi isla no hay mentiras, ni decepciones, ni gente. Hay árboles centenarios, que me acogen en sus brazos acunándome en la noche, al abrigo de los vientos que soplan entre las hojas y que intentan susurrar en mis oídos.

En mi isla no caben las dudas ni las decepciones; puedes encontrar sonrisas en todos sus rincones. Cantar está permitido, a voz en grito. También reír a carcajadas, bailar sin vergüenza alguna, llorar a la desesperada como si no hubiera un mañana. El ayer allí no existe, y el futuro allí no importa. En mi isla no hay relojes, allí no pasan las horas, allí el tiempo se detiene, no hay dolor ni mal. ¿Te vienes?

En mi isla todo es posible, no hay límite a la locura. Puedes subir sus montañas y saltar, caerás en zona segura. Mi isla de lagos azules, de arcoiris, de cascadas. Rodeada de arrecifes de coral, peces espada, tiburones que ni muerden ni te atacan. Mi isla de los frutos dulces, con fuentes de caramelo. Donde no existen ni el temor ni el miedo.

Aquí nunca hay pesadillas, y la arena jamás quema. En mi isla puedes dormir a cualquier hora, tanto como quieras, a pierna suelta. Es mi lugar favorito, me llena de paz y calma. Es mi isla de los deseos, donde pierden la batalla los remordimientos, donde no puede algo estar mal, si yo lo siento bien; dentro. Es el lugar que elegí para dar mi primer beso. Es allí donde se cumplen todos mis deseos.

Mi isla es un lugar especial, donde fluye la magia, donde viven los sueños. Mi isla, fugaz y escondida; creada a partir de la nada; es mi patria, mi frontera: este, es mi lugar perfecto.

Entre la falta de luz entré suavemente en el vacío, tumbada al abrigo de los grados con los que la fiebre me invade, con los ojos cerrados y el sudor constante; el frío que me atenaza, me arropo, me falta, me sobra. Me enredo en mis delirios; pesadillas que me atemorizan y me abandonan en mi soledad. Despierto ahogada en la noche, respiro y me falta el aire. Pánico, conciencia, ecos de un latido desacompasado; corazón de cobarde. Arde mi angustia; quema tu ausencia. Duele mi inoportuna falta de paciencia. Recuerdo: el agua me envuelve, pierdo mi isla, sus gritos duelen, el sol se apaga y tú… ni existes, ni estás, ni te vas ni vuelves.

Recibo el día a través de las persianas cerradas, demasiado pronto para poder pensar en nada. Las drogas me hacen de guía, me dan consuelo, me encienden, me apagan, y dormito en un sofá a la desesperada. Planeamos mil desvaríos, el estado febril con cada ‘clinc’ más lejos queda, y poco a poco te llevas los últimos retazos absurdos, destrozando así el sentido de mi pesadilla entera.

Soñamos canciones, oasis, islas, fondos marinos, mentiras e ilusiones. Duermo contigo, tan lejos que al despertar ya te has ido. Sueños calmados, tranquilos, rodeados de mar en calma; los guardo escritos en aquel cuaderno en el que siempre me escondo y que jamás comparto. Se me fue la hora, voy tarde, voy con prisas; la cerveza amarga me sabe a tu boca que me es tan desconocida. Me arrastran, me dejo llevar a otro destino que hoy no esperaba, pues ni se encontraba en mis mapas ni en mi camino. Me voy a casa, caminando al ritmo de mi música; olvidando comprar algo que sé que no me hará falta, escribo, y luego, escribo. Y quizá hoy con suerte, no sueñe contigo.