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A veces echo de menos a mi yo despreocupada, la que convertía en arte su pasión por no hacer nada. La que por exceso era sincera, y se dormía a las 11 de la noche hasta el día siguiente, a pierna suelta. Echo de menos a mi yo activa y a la perezosa, que dudaba entre hacer deporte o echar una siesta de dos horas. 

¿Volverá mi yo optimista, la que caminaba sobre baldosas amarillas, la que siempre encontraba la mejor salida, la que sin importar qué, siempre esbozaba una sonrisa? ¿Volveré algún día a encontrarme con la chica que escuchaba una canción tras otra, que leía en cuanto tenía un minuto, que jamás miraba hacia atrás y que se quería comer el mundo?

Echo de menos a mi yo tranquila y confiada, que pedía pizza los jueves sin preocuparse de la báscula. La que vivía el año entero preparando un mes de planes, y pasaba los sábados en la carretera, de viaje en viaje. A veces echo de menos a mi yo domesticada… pero me volví salvaje, y es mejor no añorar nada.

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