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Monthly Archives: octubre 2017

Yo nunca quise volar, ni llegar a tocar el cielo. Yo siempre pensé que con la inercia bastaría. Yo nunca confié del todo, ni desconfié por completo. Yo siempre mantuve la esperanza. Yo nunca soñé con otras vidas. Yo siempre busqué formas entre las nubes. Nunca pensé que perdería la sonrisa. Siempre creí que la palabra siempre, era para toda la vida. Yo nunca llevo ropa con estampados de flores. Siempre me siento viva cuando sólo se escucha el silencio. Yo nunca entro en un bar si el camarero está fumando en la puerta. Yo siempre intento pasar desapercibida. Yo nunca pretendí hablar más de la cuenta. Yo siempre pensé que siempre me sentiría viva. Nunca quise hacer ningún daño. Siempre defendí el poder de la palabra y de la calma. Nunca aprendí de mis errores. Yo siempre necesito tener un reloj a mano. Yo nunca apuesto a números pares, excepto al 12. Yo siempre tengo una canción en la cabeza. Nunca comí caracoles. Siempre pensé que era indestructible. Yo nunca he querido hacer puenting, pero envidio a quien lo hace. Siempre quise tocar el piano, o la guitarra. Yo nunca pasé de inventar más allá de la tercera página. Yo siempre tuve un poco de egoísta y mucho de altruista. Nunca aprendí a hacer el pino. Yo siempre soy consciente de que el mañana puede no existir. Nunca ahorré lo suficiente. Siempre quise ser completamente feliz por encima de todo. Nunca entendí las cosas a medias. Yo siempre leo libros, y más libros. Yo nunca abro una puerta sin llamar. Siempre quise ser más alta. Nunca me gustó llegar tarde, ni llegar la primera. Siempre he puesto los deseos de los demás por delante de los míos. Nunca elijo una mesa en un restaurante sin haber valorado la posición de las demás. Siempre intento mirar el menú antes de entrar. Nunca me ha gustado mi pelo. Yo siempre he adorado tumbarme al sol, en los días de calor intenso. Yo nunca creo en los yo nuncas. Siempre he odiado las mentiras. Nunca he sabido jugar al mus. Yo siempre creí que triunfaría. Yo nunca me siento sola, me encanta estar conmigo. Yo siempre creo que tras cada bache hay una nueva ilusión, una nueva frase, un punto y seguido. Nunca le deseo a nadie nada malo, ni siquiera a quien se lo merece. Siempre me siento un poco incómoda cuando voy a un lugar nuevo. Nunca viajo sin cinturón de seguridad. Siempre le doy mil vueltas a las cosas. Nunca me gusta dejar nada en manos del azar. Yo siempre que doy un paso al frente, dejo de mirar atrás. Yo nunca podría vivir sin escribir. Ni sin cantar. Ni sin soñar

Yo siempre pienso que yo… nunca.

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Te robé la vida. Llegué entre las sombras de la noche, las que me acechan y me ahogan, las que me atraen y me acompañan; las que me gritan que te deje volar.

Te regalé una vida. Llegué como el sol una mañana, llenándote de buenos días, de buenas noches, de sueños, de dulzura, de planes, de futuros.

Te robé la vida. Y te condené a susurros y a silencios; a un amor en el encierro, a un escondite perpetuo. A una espera que, desesperada, intenta romper las amarras a las que se encuentra encadenada.

Te regalé una vida. Diferente, llena de imprecisiones, de indecisiones, de momentos extraviados llenos de magia, de abrazos clandestinos, de miradas profundas, de dudas infinitas.

Te robé la vida. Y con ella, me llevé miles de besos. Siempre furtivos, siempre prohibidos, siempre atentos, siempre alerta, con el corazón encogido, con calma, con miedo, con el sinsabor de vivir sin saber cuándo volverán aquellas caricias que por el camino se perdieron.

Te regalé una vida. Te soñé mientras dormía. Me anclé a tu cuerpo cada noche, durmiendo al abrigo de tus brazos y arropada por la espalda, con la paz que me daba saber que nunca te perdería.

Te robé tus noches, te robé tus días, te robé tus fiestas, tu tranquilidad, tu descuido. Te robé tus verdades, te robé tus misterios, tus amigos. Te robé la oportunidad de ser siempre sincero, y la de vivir todas las noches acompasado a otro cuerpo que no sea el mío. Te robé la tranquilidad y la certeza. La oportunidad de vivir sin ocultarte, de besar sin mirar atrás, de querer sin velos ni secretos, sin mentiras ni, tristezas, ni decepciones, ni lamentos.

Te regalé una vida. Una vida entera. Te regalé mi corazón, mi alma, mi mente, mis sueños. Mi conciencia, mi inconsciencia, mi cuerpo, mis lágrimas, mis sonrisas. Te regalé mis miedos, mis carencias, mi conformismo, mi estabilidad. Mis latidos, mis suspiros, mis días y mis noches, cada uno de mis segundos, cada duda, cada acierto, cada decepción, cada momento.

Te robé la vida y, a cambio… te regalé la mía.