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Monthly Archives: septiembre 2017

Quise morir de alegría, y apenas sobreviví. Quise ganar a toda costa, aunque perdí. Quise honrar a mis amigos, cuidar a mi familia, quise ser mejor persona; pero no lo conseguí. Quise escribir un gran libro, y en la segunda página lo dejé. Quise soñar, pero me desperté. Quise ser sincera, y me mentí. Quise perderme en la noche, y me encontré. Quise ver amanecer y el sol se fue.

Quise vivir de nostalgia, y me golpeó el presente. Quise avanzar y caí de espaldas. Quise llorar, pero reí. Quise marcharme y me quedé. Quise correr, quise seguir, quise saltar; y me tumbé. Quise volverme invisible pero al mirarme al espejo, estaba allí. Quise encontrarte y no te busqué. Quise besarte y me cohibí. Quise soñar despierta y me dormí. Quise cantarle al mundo, y me callé. Quise gritar y enmudecí. Quise sentir, quise volar, quise vivir… quise SER… y nunca fui.

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Hoy cumples mi número mágico, el de la buena suerte. Hoy hace 7 años que llegaste a mi vida haciendo que el sol brille aún más fuerte cada día. Hoy te veo despertar con una gran sonrisa y alucinando porque me haya acordado de regalarte las dos tonterías que más ilusión te hacían.

Llegaste con miedo a quedarte, a esta dimensión desconocida en la que yo te esperaba impaciente con una dosis de pánico y otra de infinita alegría… Y me lo pusiste muy fácil, buscando tu hueco sobre mi pecho y entre mis brazos, donde te quedaste tan a gusto que durante años no querías moverte de allí.

Este año, te he visto crecer aún más que nunca, no sólo en centímetros, sino en palabras, en formas de actuar, en emociones. Este año te has hecho independiente, has creado un pensamiento crítico y propio, no dejando que nadie, ni siquiera yo, te lo robase, y no sabes lo orgullosa que estoy cuando me llevas la contraria… es la señal inequívoca de que algo estoy haciendo bien como madre.

Gracias por regalarme cada día la mejor de tus sonrisas; por enseñarme que muchas veces estoy equivocada. Por dejarme ganar en las guerras de cosquillas y por abrazarme con todas tus fuerzas. Por pedirme un beso, y otro, y otro, por invitarte a mi cama diciendo que me vas a leer un cuento y hacer que te lo termine leyendo yo. Gracias por quererme incondicionalmente, por perdonarme siempre; por hacerme la vida muchísimo más divertida y por enseñarme a amar sin condición ninguna.

Vive, mi vida. Vive tu vida como si el mañana no existiera. Vive con la inocencia de toda la infancia que aún te queda. Disfruta cada segundo, cariño mío, porque al final del día es lo único que tendrás. Sigue creciendo, por fuera y por dentro. No demuestres nada a nadie, sé siempre fiel a ti mismo. Y cómete el mundo cada día, sal a la calle dispuesto a saltar en los charcos, a bailar bajo la lluvia, a jugar con cada sombra, como cuando me haces mantener el equilibrio al contarme que si me salgo de las baldosas blancas me caigo a un estanque lleno de cocodrilos o de tiburones hambrientos. Nunca pierdas tu imaginación, tu creatividad, nunca dejes de correr, ni de cantar. Nunca dejes que nadie te diga cuál es tu camino a seguir. Te quiero libre, te quiero salvaje, te quiero tal y como eres. Y sobre todo, no olvides lo más importante. Siempre, siempre: sé feliz.

Muchas felicidades, Daniel. Muchas gracias por ser así.