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     Empiezas con un día gris oscuro, casi negro; hoy, tú, la dama de blanco bebes gota a gota del agua que cae desde las nubes. Pero sólo es el principio pues, sin esperarlo, tus respuestas se ríen de sus preguntas y mientes, sonriendo, a la cámara que intenta desnudarte por dentro. Se tornan absurdas todas las veces que has ignorado lo que ocurría en tu destino, pues ahora te golpea a bofetada abierta haciéndote rendir a la evidencia. Con un ciclón en tu cabeza intentas trabajar mientras las lagunas conversacionales te hacen sentir artificial y falsa y, recuerdas, que cuando no eres capaz de escuchar has de asentir con estilo distraído y con frecuencia. Te escapas a la vida, entre las calles mojadas. Las voces de tu cabeza gritan, hoy no hay forma de callarlas; y una vez, y otra vez, y una vez más aumentas el volumen de la música hasta que te aíslas de ti para no ver ni escuchar nada. Tomas asiento bajo el cielo encapotado, llega tarde tu arcoíris, bien acompañado. Y sonríes, en serio, sonríes, de verdad y un poco de mentira, y a ratos estás y no estás, y escuchas, y contestas, y quieres estar y quieres irte, y quieres estallar y te contienes, y no cabes, no. Te asfixias, y te despides, y echas a andar decidida, y llegas y firmas y te marchas, y te doblegas ante las casualidades de la vida; que tal vez te advierten, inconscientes e instintivas que en el mundo en que vivimos no todos los caminos son fáciles y que hay rutas sin salida.

     Vuelves a hundirte en las prisas, dejándote arrastrar entre las horas y decides poner fin antes de terminar para no volverte del todo loca. Te marchas con tu pequeño oasis revolucionario, que siempre te hace olvidar, y reír, y sonreír y acertar. Te encuentras con el hada que siempre te escucha, y sus preguntas te erizan la piel poniéndote alerta para tu propia lucha, y consigue que, escupas irreflexiva cada una de tus dudas,; cómplice te acompaña, y leal te da la mano, siempre comprendiendo cada excentricidad y locura.

     Te encierras en la pantalla, sin querer escribir nada. Pero alguien te pregunta, y aunque al principio recelas, tú también te lo preguntas. Por qué evitar ser quien eres cuando sabes que frente al teclado te aclaras y se despejan tus dudas. Y es entonces, entre el silencio de la noche cuando te das cuenta de que todas tus paranoias de hoy han sido una pérdida de tiempo absurda. Porque… ¿Por qué no soñar mientras se pueda? ¿Por qué no pensar que hay un mañana? ¿Para qué permitir que la ilusión naufrague y se hunda?

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