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Monthly Archives: julio 2017

Soñé que de verdad lo conseguía; que escribía miles de palabras llenas de emociones; de historias tristes, de risas, de ilusiones. Soñé que todo tenía sentido y que página tras página mi sueño se convertía en libro, el cual quizá con escaso éxito acaso consiguiera llegar al corazón de algún lector amigo mío.

Soñé que al escribir creaba otra realidad nueva, y que sólo con plasmar mis letras en la pantalla mis personajes cobraban vida. Que mis deseos manuscritos sin más se realizaban, que hasta la felicidad saltaba de alegría, y que el dolor, el desengaño, la culpa y las rasgaduras, entre los capítulos incompletos se quedaban y se perdían.

Afrontaré la verdad tal como venga, aunque en el camino quizá me pierda. Asumiré la gran carga de todos mis nuevos defectos; aquellos que creí imposible tener cuando vivía inmersa en mi mundo lleno de aquellos autoengaños tan perfectos. Aceptaré el control de mis carencias, pues ni supe que las tenía hasta que te inventé aquel día.

Tú, personaje perfecto, conectas con mi heroína. Amante de mi alter ego, descrito con tal exactitud y excelencia que cuando sepan que existes todos creerán que es mentira. Saltarás de entre las páginas, tan real como mi existencia.  Tú, mi música, mis letras, mi cabeza, yo, tu amiga. Tu otra alma, tu confidente, tu compañera de vida.

Soñé que de verdad lo conseguía; y que describía al detalle un futuro que en realidad creaba. Soñé que en esta vida sólo son necesarias las palabras. Que la verdad nace de mi fantasía, que tangible se presenta, indestructible, tan mía, más real a cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día. Y que yo, entre aquellas páginas, dejé atrás quién creí que era, reescribiendo cada párrafo para que nuestras almas se encontraran; y así, perdida en tus brazos, al fin me reconocieras.

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Prométeme una vida, llena de vida. Un sueño lleno de sueños, un rincón que arrincone cada uno de mis miedos. Una isla solitaria, en medio de la nada, donde el sol busque un hueco para asomarse cada día, por muchas nubes que haya.

Prométeme que este mundo aún girará mañana, que la luz entrará a raudales a través de las ventanas, dejando ver a su paso las motas de polvo sostenido que bailan al compás de mis suspiros. Prométeme otra madrugada, un día más, otra mañana, en la que las ilusiones brillan fuerte y nunca acaban.

No duermo, si no es contigo, respirando sobre mi nuca suavemente, aunque a veces sólo sea a través de un sueño imprudente. Si no es por tí no despierto, con el beso que me das tan dulcemente que si me falta, me muero.

Prométeme mil silencios, llenos de palabras enlazadas, entre las que descubrimos que los hilos del destino los tejen las hadas. Prométeme cien secretos, enigmas que una vida entera no resuelva,  para que siempre nos queden por descubrir nuevos misterios.

Ven, júrame que estás conmigo, y que el tiempo, largo, corto, raudo o lento, es relativo. Júrame una vida entera, de recuerdos que, si pudiera, reharía de cero contigo.

Me duermo, pues ya es muy tarde, y tú hace un rato que abrazas la almohada, en la que yo hace poco, te esperaba. Me despertaré mañana, besándote en cada palabra, con la inercia de las horas que hacen avanzar el día, hasta que vuelvas conmigo, y te abrace a lo despistada, con rapidez y presteza, y la dulce calidez provocativa, de la distancia que marcan nuestras mirada furtivas.

Mañana llega tarde y lento; permanece aún escondido entre las sombras, aguarda callado a que lleguemos, el mañana que esperamos, el que ayer deseé, el que tendremos.

Soñaré con un mañana que ya asoma, entre el duermevela de esta dulce noche. Viviré por y para mañana, por recibir el amanecer entre las calles, por comenzarlo a tu lado, en soledad, tú y yo y nadie, respirando ambos al compás del mismo aire.

No podré esperar hasta mañana, estúpida niña impaciente; sólo he de cerrar los ojos y este hoy me traerá el mañana, pero los fijo abiertos si estás conmigo, alargando el tiempo, saboreando cada palabra, imaginando que nuestro sol saldrá mañana, y soportando esta ansiedad hasta que llegue el alba.

A veces la casualidad te conduce mientras navegas a lugares interesantes en los que amarras el barco y te quedas. A veces creo que no creo, y otras, me rindo a la evidencia de que hay cosas que no se ven pero que existen. Creo que quizás ya hemos vivido; que sólo estamos de paso, que el karma es quien nos empuja y que los hilos invisibles del destino nos mueven por el tablero de la vida, como almas libres, errantes, que se encuentran por azar y que funden su camino; será coincidencia, suerte: destino.

Soy persona de pocas palabras al aire, de pocas personas. Soy más de sueños que de otras cosas. Soy sólo de quien sabe leer mi mente sin preguntarme, de quien conecta a un plano más profundo; de quien sonríe cuando algo bueno te ocurre aunque se encuentre al otro lado del mundo, o te pregunta cómo estás en el momento justo.

¿Crees en las almas gemelas? ¿En las almas dhármicas? Creo que sí existe un nivel de conexión irracional, que ni se busca, ni se fuerza, ni se puede evitar. En ocasiones no es necesario ni mediar palabra; se ve la corriente eléctrica que surge de la nada; un roce al cruzarte, una sensación, una mirada. Una mano que encaja, una canción, o tal vez, nada. Quizá no sea necesario intercambiar las sombras, pues hay quien deja una estela de luz que hace de guía; y es algo que sabes ya desde el primer segundo, aunque lo niegues, aunque te esperes, aunque no seas persona de creer en fantasías; cuando la superficie se hace corta y precisas ahondar en cada uno de sus pensamientos, sabes que conectas desde lo más adentro; y percibes que es para siempre, y descubres que esta primera vez no es la primera, y que esto, tan intenso, tan potente, tan urgente, no ha sido el único intento: esta vez, es el reencuentro.

Hoy ha brillado el sol ya de mañana, caldeando mi sonrisa a través de la ventana abierta; acariciando mi piel con sus rayos fugaces mientras sentía sus guiños de luz en mi espalda.

Hoy el viento dejó paso a la luz, entre las nubes. En ellas me he pasado las horas rotas, navegando a la deriva entre el recuerdo del sofá y la cama; entre mi nuevo olor y el sopor que me acechaba.

Hoy, (¡ay!) hoy, no te esperaba, un lunes tan diferente; sin lluvias, ni truenos, sin prisas ni gente. Un día en el que triunfó la falta de cordura y la valentía. Un día… lleno de vida.

 

Dicen que en la cima de una montaña no existen los problemas, que desconectas del mundo, dejas atrás todo lo que te atormenta. Pero mientras haya un hilo de cobertura continúas atado a tu vida, por mucho que las nubes te envuelvan y el sol te acaricie levemente; no eres capaz de dejar atrás lo que revolotea en tu mente, y vigilas el vuelo de los buitres para evitar mirar cara a cara al vértigo que trajiste desde casa y que te pierde.

Desde aquí arriba, a esta altura, ves con claridad cómo algo ha cambiado, y de repente te sientes más sola de lo que nunca has estado.

Hoy tenía que ser un día tranquilo, pues la noche fue muy larga y muy intenso mi delirio; pero evitando el reproche vine, yo soy mi propio enemigo. Y me alegro de perderme entre la niebla, de respirar libertad, de correr entre las sendas, pero no tenía hoy que haber venido; y me adelanto metro a metro buscando el silencio; quedando a solas conmigo; porque hoy, tan convaleciente, me sobran varios motivos.

Bajo de las nubes y pongo los pies en tierra. Sigo perdida sin rumbo y sigo sin comprender nada. Sigo sin saber encontrar las señales, mientras la veleta gira y gira dándome la razón que suponía: y es que en la falta de aliento, y en la falta de esperanzas, en falta de tus palabras y a falta de tus miradas; ya encuentro toda respuesta: es la señal que pedía… Y no la que quería.

En mi isla no hay secretos, ni peligros. Hay millones de canciones, de ilusiones, de sonrisas y de libros. Hay una playa desierta bañada en un mar caliente. En mi isla no hay mentiras, ni decepciones, ni gente. Hay árboles centenarios, que me acogen en sus brazos acunándome en la noche, al abrigo de los vientos que soplan entre las hojas y que intentan susurrar en mis oídos.

En mi isla no caben las dudas ni las decepciones; puedes encontrar sonrisas en todos sus rincones. Cantar está permitido, a voz en grito. También reír a carcajadas, bailar sin vergüenza alguna, llorar a la desesperada como si no hubiera un mañana. El ayer allí no existe, y el futuro allí no importa. En mi isla no hay relojes, allí no pasan las horas, allí el tiempo se detiene, no hay dolor ni mal. ¿Te vienes?

En mi isla todo es posible, no hay límite a la locura. Puedes subir sus montañas y saltar, caerás en zona segura. Mi isla de lagos azules, de arcoiris, de cascadas. Rodeada de arrecifes de coral, peces espada, tiburones que ni muerden ni te atacan. Mi isla de los frutos dulces, con fuentes de caramelo. Donde no existen ni el temor ni el miedo.

Aquí nunca hay pesadillas, y la arena jamás quema. En mi isla puedes dormir a cualquier hora, tanto como quieras, a pierna suelta. Es mi lugar favorito, me llena de paz y calma. Es mi isla de los deseos, donde pierden la batalla los remordimientos, donde no puede algo estar mal, si yo lo siento bien; dentro. Es el lugar que elegí para dar mi primer beso. Es allí donde se cumplen todos mis deseos.

Mi isla es un lugar especial, donde fluye la magia, donde viven los sueños. Mi isla, fugaz y escondida; creada a partir de la nada; es mi patria, mi frontera: este, es mi lugar perfecto.

Entre la falta de luz entré suavemente en el vacío, tumbada al abrigo de los grados con los que la fiebre me invade, con los ojos cerrados y el sudor constante; el frío que me atenaza, me arropo, me falta, me sobra. Me enredo en mis delirios; pesadillas que me atemorizan y me abandonan en mi soledad. Despierto ahogada en la noche, respiro y me falta el aire. Pánico, conciencia, ecos de un latido desacompasado; corazón de cobarde. Arde mi angustia; quema tu ausencia. Duele mi inoportuna falta de paciencia. Recuerdo: el agua me envuelve, pierdo mi isla, sus gritos duelen, el sol se apaga y tú… ni existes, ni estás, ni te vas ni vuelves.

Recibo el día a través de las persianas cerradas, demasiado pronto para poder pensar en nada. Las drogas me hacen de guía, me dan consuelo, me encienden, me apagan, y dormito en un sofá a la desesperada. Planeamos mil desvaríos, el estado febril con cada ‘clinc’ más lejos queda, y poco a poco te llevas los últimos retazos absurdos, destrozando así el sentido de mi pesadilla entera.

Soñamos canciones, oasis, islas, fondos marinos, mentiras e ilusiones. Duermo contigo, tan lejos que al despertar ya te has ido. Sueños calmados, tranquilos, rodeados de mar en calma; los guardo escritos en aquel cuaderno en el que siempre me escondo y que jamás comparto. Se me fue la hora, voy tarde, voy con prisas; la cerveza amarga me sabe a tu boca que me es tan desconocida. Me arrastran, me dejo llevar a otro destino que hoy no esperaba, pues ni se encontraba en mis mapas ni en mi camino. Me voy a casa, caminando al ritmo de mi música; olvidando comprar algo que sé que no me hará falta, escribo, y luego, escribo. Y quizá hoy con suerte, no sueñe contigo.

   Cómo sobrevivir a un día perfecto, en el que no tienes motivos para quejarte, en el que transcurren los minutos y no se borran las sonrisas, en el que todo fluye fácilmente y sin prisas. Te buscas, me encuentras y el universo se pone a mis pies concediéndome uno a uno mis deseos. Y es que hoy es un día nuevo, en el que amanecí entre zancadas y arcoíris, en el que sin esperarlo se me regaló una mañana entera. Hoy es un día en el que los astros se alinean para mí, en exclusiva, aunque compartiré contigo mi suerte si la necesitas.

   Cómo sobrevivir a un día impecable, sin vivir al abrigo de la angustia del mañana, que será irremediablemente peor que este hoy que ya casi acaba. Hoy; día de cifras perfectas, es el siete con estrella, el de la buena ventura, el día que nada ni nadie puede arrebatarme nunca. Me buscas, te encuentras y el espacio sideral gira al ritmo que le he impuesto. Y es que hoy, fue un día estupendo; en el que vi caer la lluvia y me sentí viva, el día en que los planetas bailan al son de mi música, puedo dejarte escucharla, prestarte un poco de fuego en esta noche tan fría.

   Cómo mejorar un día de suerte inconmensurable… esperaré a que esta hora que aún me queda, todavía me sorprenda, regalándome armonía en este tiempo de descuento, que recibo con sosiego mientras aguardo calmada la visita de un mañana, del que, si bien no espero que sea reincidente, confío en que mi fortuna continúe, regalándole al nuevo día un aire algo diferente.

   Y aunque aún me quedaría tiempo para extenderme un buen rato, y relatar una a una las cosas buenas del día, creo que alargar el tema no aportaría nada al mundo, y, siendo tan personal mi observación subjetiva y mis recuerdos, profundos; mejor los guardo conmigo a buen recaudo en mi mente, que cuando una palabra escapa, ya nadie te la devuelve; y los sueños, si se cuentan, no se cumplen fácilmente.

     Empiezas con un día gris oscuro, casi negro; hoy, tú, la dama de blanco bebes gota a gota del agua que cae desde las nubes. Pero sólo es el principio pues, sin esperarlo, tus respuestas se ríen de sus preguntas y mientes, sonriendo, a la cámara que intenta desnudarte por dentro. Se tornan absurdas todas las veces que has ignorado lo que ocurría en tu destino, pues ahora te golpea a bofetada abierta haciéndote rendir a la evidencia. Con un ciclón en tu cabeza intentas trabajar mientras las lagunas conversacionales te hacen sentir artificial y falsa y, recuerdas, que cuando no eres capaz de escuchar has de asentir con estilo distraído y con frecuencia. Te escapas a la vida, entre las calles mojadas. Las voces de tu cabeza gritan, hoy no hay forma de callarlas; y una vez, y otra vez, y una vez más aumentas el volumen de la música hasta que te aíslas de ti para no ver ni escuchar nada. Tomas asiento bajo el cielo encapotado, llega tarde tu arcoíris, bien acompañado. Y sonríes, en serio, sonríes, de verdad y un poco de mentira, y a ratos estás y no estás, y escuchas, y contestas, y quieres estar y quieres irte, y quieres estallar y te contienes, y no cabes, no. Te asfixias, y te despides, y echas a andar decidida, y llegas y firmas y te marchas, y te doblegas ante las casualidades de la vida; que tal vez te advierten, inconscientes e instintivas que en el mundo en que vivimos no todos los caminos son fáciles y que hay rutas sin salida.

     Vuelves a hundirte en las prisas, dejándote arrastrar entre las horas y decides poner fin antes de terminar para no volverte del todo loca. Te marchas con tu pequeño oasis revolucionario, que siempre te hace olvidar, y reír, y sonreír y acertar. Te encuentras con el hada que siempre te escucha, y sus preguntas te erizan la piel poniéndote alerta para tu propia lucha, y consigue que, escupas irreflexiva cada una de tus dudas,; cómplice te acompaña, y leal te da la mano, siempre comprendiendo cada excentricidad y locura.

     Te encierras en la pantalla, sin querer escribir nada. Pero alguien te pregunta, y aunque al principio recelas, tú también te lo preguntas. Por qué evitar ser quien eres cuando sabes que frente al teclado te aclaras y se despejan tus dudas. Y es entonces, entre el silencio de la noche cuando te das cuenta de que todas tus paranoias de hoy han sido una pérdida de tiempo absurda. Porque… ¿Por qué no soñar mientras se pueda? ¿Por qué no pensar que hay un mañana? ¿Para qué permitir que la ilusión naufrague y se hunda?