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Ahora que estoy lejos de casa, que pensaba estar muy sola pero he andado bien acompañada, me he dado cuenta que ultimamente, mi vida se ha llenado sin yo buscarlo, de muchas personas nuevas y mi vida (a)social se ha visto desbordada de un modo que no esperaba. Quien de verdad me conoce sabe que me cuesta mucho adaptarme a los cambios, sobre todo a la nueva gente que llega llega de repente y sin saber por qué: se queda.

Nunca he sido una chica de muchos amigos, pues creo que sólo hay que invertir tiempo en quien merece la pena, y precisamente aquí radica el motivo de mis cavilaciones. ¡Casi todos merecéis la pena! ¿Cómo alguien como yo se ha rodeado de tanta gente que ha conseguido la difícil tarea de ganar mi confianza?

Algunos sois como el viento, que va y viene a su antojo, sin preguntar cuántos árboles caídos dejó a su paso. Otros seréis un cometa, que se dejará ver por mi vida durante un instante para después mantenerse en su órbita y desaparecer en la penumbra dejando tan sólo un bonito recuerdo. Pero yo, al final, me quedo con quien se quede. Con quien me eche de menos, con quien me vaya buscando. Con quien me desee suerte en los momentos complicados y con sólo acordarse de mí sepa sacarme una sonrisa. Con quien te manda un whatsapp sólo para recordarte que te recuerda, o para contarte un pensamiento que no viene a cuento. Con los que se interesan por mi vida, por mi interior, por mis desbaratadas historias. Con los que se molestan en escribirme para no decir nada, o en leerme aunque sepan que no tengo nada nuevo que contar. Con quien saca tiempo de debajo de las piedras para decir buenos días y preguntar cómo te encuentras. Con quien camina conmigo cuando mi corazón explota. Con quien intuye mis lágrimas antes de que se desborden, con quien me abraza sin más, aunque en lugar de con el cuerpo sea con una frase. Con esas locas que arrastran a sus familias una vez al año para poder vernos y confesar delante de un mojito. Con las que sacrifican el sueño del lunes por nuestras cenas del domingo. Con los que madrugan para correr conmigo, o para compartir las carreras de mi niño. Con los que para acompañarme bajan su ritmo. Con quien soporta mis neuras y mis manías. Con quien comparte mis aficiones, canciones, sueños , libros y agonías.

No soy persona de grandes gestos, ni de colarme sin invitación en la vida de nadie… Así que desde este rincón invisible, os doy las gracias a todos por encontrarme.

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