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Echo a correr cuando puedo, escapando de la prisa, huyendo del día a día, dejando atrás la ciudad, el humo, la gente, el ruido, volando hacia la vida. Me embeleso con cada piedra del camino, el sonido de mis pasos sobre la gravilla, los charcos que al pisarlos me salpican. El oscuro azul del cielo, el susurro de los árboles, el misterio de las personas que de repente aparecen. Los amaneceres, los colores; van conmigo, me acompañan, me encuentran, me pierden.

Y tú… ¿Te vienes?

Me alejo de mis fantasmas, del móvil, de mis proyectos, me quedo sola conmigo y cada metro que venzo arrastro miles de ideas que golpean en mi cabeza hasta que con el esfuerzo todo se va diluyendo, cada zancada que doy, ese instante, ese momento, corro por ganar al viento, sabiendo que es imposible, pues mis tiempos son tan lentos que me dejan observar la paz que aquí me rodea, mientras me pierdo entre el bosque, sola con mis pensamientos.

Compito contra el apremio, dejando atrás la impaciencia, escapando del trabajo, la familia, de los libros, de la gente. Huyo de mí, de mi mente, dejando atrás los relojes, los minutos, el pasado y el presente y durante ese gran momento, vivir, es lo único urgente.

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