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Decidió una fría mañana de noviembre recuperar los libros que, desahuciados años atrás, descansaban deprimidos en el hogar de su infancia, esperando ser rescatados y leídos al menos una vez más. Quizá fue una idea absurda, el trasladarlos lejos de su casa en primer lugar; pero tal vez fue aún más disparatado el querer acarrearlos todos de vuelta; sin planearlo, sin organizarlo, sin ayuda y sin pensar.

Salió a la calle cargada, acarreando millones de letras que apiladas pesaban bastante más que leídas, y recordó por qué ahora siempre viaja con su libro electrónico a todas partes. Consiguió a duras penas abrir la puerta, y como siempre, evitó el ascensor y cargó escalón tras escalón su columna de palabras, haciendo malabares hasta el primer piso. Depositó los ejemplares en la entrada, y observó en ellos el eco de su yo de antes, un conocido que está ahí pero que del todo ya no existe. Es lo que tienen los recuerdos, que al verlos te transportan a la época en la que los tuviste por primera vez entre las manos. Echó un último vistazo y los abandonó a su suerte, pues las prisas, como siempre, la llamaron en ese mismo instante recordándole una videoconferencia urgente.

Una hora más tarde, abrió la puerta, rumbo a la calle. Y un libro desnudo, de amarillentas páginas cayó a sus pies, desde el tirador de la puerta hasta el felpudo. “Tenemos que estar preparados para las sorpresas del tiempo”, rezaba El Alquimista entre sus páginas, y fue este, y no otro, el que le sorprendió apareciendo a destiempo sin que ella se hubiera percatado siquiera de su ausencia, fue este y no otro, el que que escurriéndose de su cubierta se perdió en un momento del camino, y de alguna desconocida forma consiguió llegar hasta las manos de alguien que lo depositó en su puerta, reencontrando su hogar y su destino.

Existen, entre tantas viejas glorias, otras dos ausencias que habrán de ser encontradas, y es que entre todos los libros que no llegó a trasladar, hay dos desaparecidos y siendo sus favoritos tendrán que ser recomprados para sustituir los perdidos. Pero eso… trata de los errores cometidos y de la falta de memoria, por lo que ya, es otra historia.

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