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   Hoy cumples seis años. Hoy, sin quererlo, das un paso más al mundo que te alejará de nosotros, y que te hará libre. Libre para pensar, para elegir, para volar; mientras nosotros, esperaremos nerviosos, confiando en que los errores que seguro hemos cometido no logren asustar tu valentía.

    Has crecido con espacio; a tu manera, tomando decisiones que yo no hubiera tomado nunca. Arriesgando en cada paso, cuando yo me acobardaba. Pensando por ti mismo, alimentando tu alma, volviéndome la cara enfadado cuando la razón me abandona y te digo que no, sin motivo alguno. Has crecido a tu aire, bajo el viento que de mi boca escapaba, y nosotros tan sólo hemos podido ajustarte las alas y acompañarte mientras elegías tu propio camino. Estás creciendo entre sonrisas, entre experiencias, entre unos padres que te adoran, y a los cuales todavía sorprendes cada día.

    Eres tan imprevisible unas veces y tan predecible en otras, que nos desconciertas sin remedio alguno. Nunca hubiera adivinado qué regalos preferías, ni logro entender los criterios con los que has elegido el lugar o los invitados a tu fiesta. Nunca hubiera imaginado que podrías razonar lo irrazonable, y tener en muchas ocasiones las ideas mucho más claras de lo que las tenemos tus propios padres.

      Creces, y eliges, y nos maravillan cada una de tus elecciones. Hablas con autoridad en casa, sin dudar en compartir con nosotros tus miedos y preocupaciones. Repites sarcasmos, inventas bromas, buscas cosquillas. Preguntas, preguntas, preguntas, preguntas, y siempre intentamos conseguirte una respuesta, aunque no siempre sea la que tú esperas. Tienes dos caras, como los discos de vinilo que tanto te gustan, y tan sólo quien tú eliges consigue llegar a verlas. Te admiro, y me asombro. A veces tan centro del mundo y otras tan escondido entre las sombras; unas susurrando al hombro y otras gritando a la vida. Tú; que escuchas cada consejo, que nos buscas mañana y tarde; que pides ayuda para las cosas sencillas y te lanzas sin red a lo insuperable. Te quiero desde lo más profundo, hasta el lugar más lejano: inalcanzable. Tú, mi niño feliz, salvaje, libre, indómito, bromista… ingobernable.

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