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Monthly Archives: mayo 2012

           Somos seres de costumbres. Nos basamos en ellas para nuestro día a día y sin cuestionarlas continuamos con ellas hasta el infinito, o hasta que una nueva costumbre reemplaza a la antigua dejándola olvidada en el baúl de las rutinas perdidas. Nos creemos inquebrantables en nuestros propósitos, cuando realmente cada mañana nos despertamos moldeables como la plastilina de colores que una vez convertida en nuestra obra de arte particular,  se torna un amasijo sin sentido bajo el peso de un puño cerrado.

           Nunca pensé que me acostumbraría a dormir poco, a leer a saltos, a escribir nada. A pasear entre la niebla, a cruzar siempre en verde, a observar las aceras: a mirar  todas aquellas cosas en las que antes no me fijaba. A ser siempre la segunda, o la tercera;  a saltar del colchón porque tú esperas, a venerar las mañanas porque ellas traen tu sonrisa, a cantar con el coche en marcha y a perseguirte al fin del mundo siempre que haga falta.

            Me he acostumbrado a mis días, con todo ese cariño que le tengo a lo cotidiano y a todo lo que forma parte mi vida; quizá por eso cada año, un día antes de mi fecha, me cuesta pensar que algo cambiará mañana. Algo tan insignificante como un número. Algo tan nimio como el instante que te hace saltar de una edad a la siguiente. Algo tan banal y tan absurdo como cumplir 31 y que no se detenga el tiempo; algo tan cierto como el saber que tras 364 días de encariñarme con esa cifra y tomar conciencia de que es mía, se esfumará como se evaporan los besos que nunca compartimos; como las palabras que se nos escapan; como las sonrisas que escondemos, como  las cosas que jamás contamos; como el fuego que ya no arde, en las velas que en dos mil once encendimos, y que mañana apagamos.

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