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Monthly Archives: julio 2011

    A tientas, a oscuras, cuando la vida descansa, cuando el sonido es silencio; cuando uno abraza su almohada, y otro se rinde a la cuna, cuando el peso se evapora bajo la luz de la luna, y siento con ligereza que la sonrisa continúa en mi boca; con toda certeza. Treinta años, dos meses, cuatro días. Once años, siete meses, dos semanas, dos días (y una vida). Diez meses, y un día tras otro hasta los once, los doce…  no es el reloj quien marca mis horas, sino el empuje de sentiros cerca, de volver a casa, de acariciar cada una de las mañanas mientras te escondes bajo las sábanas blancas y deslizas la tela entre carcajadas, es imposible sentir que la máquina que me soporta, cada día más gastada, pueda (o quiera) cambiar el ritmo, a cambio de nada. Hoy lo tengo todo, y cualquier alternativa se me antoja tan inverosímil como si el anoche no existiera, como si el ayer se evaporara, como si ya mil vidas viviera y sólo una quisiese existir teniéndoos cerca.

    A oscuras, a tientas, cuando mis ojos se cierran, cuando el silencio bosteza; cuando alguien rompe la calma, y otro no está y no se encuentra, cuando el alma se derrama bajo la luz de la luna, y siento con gran angustia que la sonrisa vibra en mi boca; intentando escapar de forma astuta, y aguardando día tras día mientras yo, me encuentro con mil razones para conservarla. Diez meses y cuatro días. más de trescientas noches venciendo cada batalla, y saludando al sol de la mañana, con la felicidad que me embarga, la que muchos tanto anhelan, la que tantos tienen delante sin comprenderla, la que me acompañará día tras día, durante toda su vida.