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Monthly Archives: mayo 2010

Escucho los ecos del pasado resonando en mis oídos, y los retumbos de los tambores del ayer que con su tic-tac descontrolado me recuerdan el paso de los años. Escucho la juventud de mis días transitados, y la veo desvanecerse entre la sensatez del día a día y la cordura que se asienta en mi cabeza semana tras semana. No es eterna, la ligereza de los segundos que desaparecían a través del espejo sin apenas darme cuenta, si bien ahora el reloj no se detiene a dar las horas, en su murmullo constante que perenne me recuerda que todo continúa.

Vida que crea otra vida, y que lamenta que el tiempo que nos queda no pudiera multiplicarse hasta el infinito. Lazos inmortales que al expirar desparecen, y por los que cada noche rezo se refuercen y perduren para siempre. No es sensato, el miedo a lo inevitable, si bien todavía no llegué a sentir ni el ecuador ni la vida suficiente para desechar ese temor de mi mente. No es racional, el grave sonido lejano que martillea mis tímpanos amenazante cual corazón desbocado que pide más y más tiempo de este instante.

Latidos perpétuos, sonrisas sempiternas, paz interior que al respirar se exhala por entre mis labios y se alienta en mi boca, debo encontrar mi mantra, reiterarlo hasta empalagar completamente mis cinco sentidos, sonreir al presente que me cuida y me acuna entre tus brazos, sintiéndote roca inamovible, sabiéndote vivo, con la certeza de que pase lo que pase siempre existiré en tu vida, siempre te llevaré conmigo.

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Sé desde dónde has venido, y mentiría si presumo de desconocer tu origen. Te siento llegar y colarte por entre los resquicios que inevitablemente existen. Por favor, desaparece, sensación aterradora y errante, que va y viene, está y se mueve, crece, se evapora, y después vuelve.

Razón, vuelve a mi cabeza, que mi corazón descompasado te ha perdido, y perdido permanece entre la angustia y la agonía que me atenaza de noche y me acompaña de forma desmedida.

Juicio, ven, que te he extraviado, y a pasos desorientados busco la vuelta al camino que antes de ayer dejé a un lado.

Miedo, marcha, te suplico, que el vértigo es ser cobarde y es valentía lo que yo ahora necesito.

Sombras, malas compañeras, huid lejos de mis entrañas. A Dios pido que si existe me acune y me aporte calma, pues no hay sosiego  ninguno que logre apagar mi alarma; y el alma que llevo dentro es de tal gran importancia, que gritando en el silencio ruego al cielo, que tranquilidad me traiga.

Vuela, vuela entre la noche, parte para siempre de esta casa. Desaparece y no vuelvas, vete, escapa, corre, marcha.