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Monthly Archives: noviembre 2009

The Verve – Bittersweet Symphony

Cada minuto que pasa, voy navegando entre las palabras que se agolpan en mi cabeza sin sentido. Es una lástima no tener la capacidad de ordenarlas en las frases tal y como se merecen, entrelazando en cadena páginas y páginas de la misma historia. Cada segundo que espero, pierdo una oportunidad de aprovechar el tiempo, y una vez más mi instinto me susurra que no sólo se vive de recuerdos.

Es arte lo que me guía, cada noche antes de reposar mi pelo en la almohada, a devorar las páginas de lo que pudo haber sido, buceando entre las historias que otros se atrevieron a compartir conmigo. Es magia lo que cada día, me hace sentir que la melodía de las letras nunca termina.

Narrativas inconexas, es lo único que en la vida pude ofrecerte, bailando al son de las notas que desde siempre me acompañan, y cuyos pentagramas guardé bajo llave en mi memoria junto a los restos abrasados de lo que en una época fue mi único escape y mi consuelo.

Encadenada al horror del escritor frustrado, de la felicidad encontrada, del músico que aparcó su sueño para abrir su corazón y al dolor del poeta errante que  al encontrar su hogar perdió su lírica entre las mantas de una cama cómoda y caliente. Encarcelada en tus ojos y entre tus brazos, dulce condena que voluntaria me espera, y si el precio por vivir una sonrisa es regalarte el alma que envuelve de mis sueños perdidos, que así sea.

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I Feel Fine – Riddlin Kids

Hay ocasiones en las que es necesario dar un grito para poder parar el mundo.

Son esos momentos en los que la vida te supera, el trabajo te agota, y el teléfono no deja de sonar. Va unido a noches en vela, al dolor de espalda, a sonrisas falsas, a malas maneras, a los nervios incontrolados que te aceleran más y más, a la estúpida jaqueca que aparece cuando menos la esperas, al taladro del vecino que no se cuántos agujeros habrá hecho ya, a perder el norte, a odiar el instante, a mirar los gastos y querer que la tierra te trague, a las fórmulas matemáticas, a los cortes de agua, a las cábalas mentales que organizan lo que harás mañana, a los vasos rotos, a comidas quemadas, a las manchas de aceite que no se van, a las camas deshechas, a la ropa amontonada, a cuando buscas algo que no está, a la lluvia sin paraguas, al sol cuando llevas abrigo, a las personas que te recuerdan que no vas a llegar. A llamar y que nadie te conteste, a pegar un portazo que nadie escucha, a darle la espalda al mundo y descubrir que el mundo está detrás, a soñar despierta, a despertar antes de hora, a girar la llave y que la puerta no se abra, a caminar por un suelo liso y tropezar. A perder el autobús en tus narices, a que no queden entradas en el cine, a poner la tele en un rato libre y tan sólo ver publicidad, al ordenador que se cuelga cuando más lo necesitas, a las palabras que se pierden por no guardarlas, a las notas importantes que el viento arrastró a volar. A los compromisos perdidos, los records no batidos, y a las lágrimas de rabia que no se sabe donde van.

Hay ocasiones en las que es necesario dar un grito para poder parar el mundo. Y tras el ensordecedor sonido que te hace parecer enloquecida, tan sólo queda la calma, y gracias a  eso… me siento bien (I feel fine).

Green Day – Walking Contradiction

De repente te siento más cerca, separado por tan sólo un par de pulsaciones que a falta de ritmo exacto se desdibujan entre los sonidos que se cuelan por las ventanas. Sin sentido enloquezco por tu mirada, que imagino me devuelves tras la pantalla aun ignorante de que la busco en cada palabra.

De repente te siento más lejos, y por más que lo intento no consigo escuchar los latidos que constantemente se repiten durante una y otra vez. El sentido me falla cuando sabes que imagino que me devuelves la mirada tras cada página.

Hoy vi mi nombre entre tus letras, cual crucigrama escondido tras definiciones exactas, donde un error te estropea la página, y una vez más me pregunto dónde estarán los cuadros que faltan.

Te espero escondida, deseando que me encuentres, deseando que nunca me encuentres. Te aguardo entre las sombras, observando cómo las luces de la mañana se cuelan a través de la oscuridad errante, y ansío encontrarte…, y ansío nunca encontrarte.

Pink Floyd – A Great Day For Freedom

Pierdo mi voz por entre tus susurros, y es que ni siquiera gritando consigo adivinar qué es lo que estoy diciendo. Pierdo mi mirar entre tus ojos, y tan sólo lo que tú ves es lo que yo observo. Me acarician tus desaires y tus risas, que ignoran que para mi son cálidas como el hierro que espera día tras día bajo el sol de agosto.

Atrapa los sueños, tú que puedes, y aferrate a tu libertad con uñas y dientes. Invoca a los dioses, deshazte de la capa de humano imperfecto que te envuelve, y levanta la vista al cielo cuando la lluvia caiga sobre tus pasos, porque tras cada una de tus pisadas, alguien reinventa tu camino, que va y viene.

Déjame soñar que hoy todo es posible, y que los errores se equivocan al llamarse tales. Déjame gritar contra las nubes, y escucha cómo mi garganta se rasga entre tu silenciosa calma. Permite al caos reinar mi vida, a la incoherencia reinar mis noches, a la anarquía entrar en lucha con mi paz interior. Demuéstrame que estoy equivocada, y que mañana, podría terminarse el mundo, resultando vanos todos mis intentos de absoluta corrección.

Siento una vez más que el reloj me consume, y que entre rejas doradas observo pasar la vida a mi alrededor mientras me desgastan las horas. Siento, y de verdad que lo siento, el haberme creído en algún momento que viajar en el tiempo era tan simple como cerrar la puerta y empezar de nuevo.  No creo que haya respuestas para saber cuándo algo es correcto. Ni siquiera creo que existan las preguntas suficientes para eso. Tan sólo se que los errores no caen del cielo, y que desear equivocarse no es siempre lo más recomendable, aunque a veces un fallo sea un gran acierto.

Miro, y no te veo. Pero te observo tras los cristales empañados, y pienso por un instante cómo sería ser la bruma que navega entre el mundo entero. Miro, y me desespero porque necesito más palabras, ya que mis imágenes se quedan mudas ante mis ojos, y no consigo descifrar el código que me ayude a descerrajar el miedo. Así que me callo, me encojo, y observo. Observo día tras día, tras el portal cerrado, como el marco desgastado que está en el escaparate expuesto y no hace más que ver pasar los minutos sin remedio. Así que cierro los ojos, y me observo. Y hay veces, semanas, meses, que no me gusta lo que veo. Y hay veces, semanas, meses, en los que todo es perfecto.

Y los ciclos se suceden, van y vienen, e intentas descifrar la ecuación en la cual se basa el caos de la vida y lo que ello supone, pero créeme, no  hay matemática en el mundo que explique el camino que eligen mis estrellas, y tan sólo tus sueños son lo que realmente tienes.