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Monthly Archives: febrero 2009

The Fray – How to save a life

Puedo pensar que es un comienzo, y no un final. Puedo creerme que esta vez lo voy a conseguir. Puedo mirar el reflejo en los charcos y saber que el sol los secará, y soñar que cuando vuelva a llover una sonrisa caminará bajo la intensa lluvia salpicando al mundo mientras, sin temor a nada, busca un nuevo charco en el que reflejarse y verse tal y como quiere ser.

Puedo olvidar las presiones, puedo empezar de cero cuando yo quiera, puedo escoger los días idóneos y los momentos necesarios, puedo hacerlo como a mi me apetezca, pero puedo hacerlo, y voy a gritar al cielo para que busque entre los rincones más oscuros, tras las farolas aún apagadas, porque mi voluntad se replegó, sigilosa desapareció tras una esquina y ya no volví a encontrarla.

Es etérea la promesa del reencuentro, son caóticas las vueltas de mi cabeza, son fuertes mis convicciones y con el toque de excentricismo que rara vez dejo asomar, vuelvo a sonreir, y con la mirada perdida tras las cifras desdibujadas de la pantalla, vuelvo a empezar.

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No hay ausencia, cuando el hueco que dejaste tras mi espalda se rellena con el recuerdo de que hasta hoy aquí estuviste, aunque entre sueños algunas veces intento buscarte y tan sólo el aire frío se cuela por entre las sábanas avisando a mi instinto dormido de que hoy no estás aquí conmigo. Y abandono lentamente sobre la almohada a mi conciencia, que la inconsciencia busca desesperada para poder sentirte, y abandonarme al delirio de sentir que durante las horas en que el cielo acoge a las estrellas, tú entre mis brazos me acompañas en mi dormir pausado mientras espero que la luz de la mañana traiga hasta mi tu sonrisa, que como cada mañana, me ilumina.

No hay ausencia, si en cada nota que escucho estás presente, si tu presencia todavía perdura, si todavía no se enfrió el hueco en el que tú hasta hace un rato dormías. Si la ausencia es abandono, y el abandono es huída, no hay ausencia que pueda sentir al saber que ya estás pensando en tu vuelta, y si no fuera porque el sol desesperado cada día nos obliga a separarnos, tú y yo nunca tendríamos tiempo de echarnos en falta, porque  aunque hoy tú me faltas, sé que mañana la dulce espera dará paso a un nuevo día, y tan sólo por tu beso al amanecer habrá merecido la pena.