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Monthly Archives: enero 2009

Me encanta la niebla. Me gusta cómo turbia te envuelve y te encierra tras una ventana abierta, para que acaricies su humedad con tu piel cuando la atraviesas. Esa sensación de estar sólo y de ignorar si a menos de un metro quizá se termina el mundo, el tener que caminar sin rumbo, descubriendo algo nuevo a cada paso que atraviesa el translúcido espesor que no te permite observar más allá de dónde tu estás.

Me gusta la niebla. Sobre todo porque suele ir acompañada del frío que intenta colarse entre las rendijas de tu abrigo sin conseguirlo, dejando al tacto sin sentido y el resto de los sentidos alerta se mantienen a la espera de que encuentres un camino al otro lado de la bruma que se cruza ante tus ojos.

Quizá el futuro se esconda a nuestra imaginación como el más allá por la niebla es encubierto, apareciendo difuso ante nuestros ojos y variando a cada paso que avanzamos, quizá el pasado sea como la nube borrosa que observamos al mirar atrás entre la calina, recordando sin detalles concretos lo que nuestras miradas creen haber visto, desdibujando el trazo que tan marcado parecía y que ahora se desvanece por la distancia o por el tiempo, que tan distante se encuentra ahora.

Nada puede compararse a la niebla, nada como estar sola en un lugar lleno de gente, o como perderte una y mil veces dentro de una calle que bien conoces. Nada puede compararse a olvidar la claridad por un momento, y observar a través del nuevo prisma que te atrapa entre sus brazos, cómo nada es tan cierto cómo parece, y que el mundo es el mundo que tú quieres que sea cuando tan sólo puedes imaginarlo a través de esta cortina de nubes que hoy te envuelve.

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