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Monthly Archives: diciembre 2008

No es noche lo que ahí afuera me espera, aunque el sol se esconde en algún punto infinito del cielo, oculto por la densa capa de nubes que lo envuelve. No es una sonrisa lo que hoy observo en el espejo, porque agotada me rindo al cansancio que se ha adueñado de mi cuerpo, y me pide más y más cama. No existe analgésico legal para la debilidad que me consume, y aunque atrás quedaron los días en que la enfermedad se aliaba con la fiebre para dominarme, hoy las brasas de aquel fuego todavía me queman, y a plomo caen mis sentidos sobre cualquier superficie plana.

No es noche lo que ahí me espera, aunque en la oscuridad fría desperté sola y desarropada, y en esa noche cerrada el tic-tac me dio una tregua de varias horas para despertar una vez más con ansias de un nuevo día, pero al alba, cuando el canto desafinado del reloj me avisó de la llegada de la luz, la busqué entre las tinieblas sin encontrarla, y sin buscartelo encontré entre mi destino, al sopor que con sus sábanas negras me envuelve, y me arrastra de nuevo hacia el abismo.

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Unidos irremediablemente, de la forma en que siempre soñé que sería, paseando por la vida de la mano mientras me sonríes y me pierdo en tu mirada soñando que toda una eternidad se me hace corta si estoy a tu lado, y que mil universos esperan nuestra llegada juntos, como siempre ha sido.

Unidos a pesar de las barreras que nos mantuvieron alejados, hasta que llegó el momento en el que el destino decidió que era correcto conocernos. Unidos a pesar del frío, que a mi me llamaba sigiloso mientras a tí te acuchillaba cada madrugada, y ni siquiera las ventiscas consiguieron separarnos, pues te envolví entre mis brazos para mantenerte a salvo del temporal.

Pasan los meses, y los años, y la felicidad que parecía haber llegado a su punto más álgido sigue avanzando y convirtiéndose en un sentimiento cuya palabra para definirlo ni siquiera se ha inventado todavía, y los minutos se vuelven estrellas cuando estoy contigo, que dentro de mi se clavan cuando te espero llegar cada tarde, cada mañana, cada noche, cada segundo que esperanzada espero tu llegada de nuevo.

Juntos, siempre juntos, nunca pude pensar siquiera en un estado diferente, tantos años te esperé hasta que llegaste que el mundo se frenó en seco el día de conocerte, y cuando en tus pupilas observo el brillo perenne de mi reflejo, me pierdo rodeada por tu cuerpo y pienso, que la felicidad no es nada más, y que tú y yo la vivimos día a día, y que te quiero.

Por muchos años más.

Anoche escribí el primer párrafo del futuro que busco hacer mío. Uno más que se perderá en los archivos de la memoria, y que nunca termino. Tal vez los cientos de ideas que se agolpan en mi cabeza, se entrelazan unos con otros creando una pared impermeable que no consigo atravesar. Tal vez los millones de conceptos que asoman a mis pensamientos ni siquiera sean míos, y estén formados por una mezcla heterogénea de retazos formados por los demás.

Nunca una historia estuvo tan bien contada como la que me hace desvelarme cada noche, y me abruma el saber que el orden que tengo dentro de mi me impide desordenar en palabras la vida caótica de los demás. Si tan sólo con tres líneas la página cobrase sentido, el sentido de escribir me animaría a continuar. Si tan sólo las ideas se convirtiesen en palabras, y las palabras en frases cuyo significado se enlazara con las demás, todo sería más sencillo, y sobraría el pensar que tal vez, no siempre se consigue lo que uno se propone, o que no valemos para todo para lo que nos creemos valer.

Caóticos pensamientos hechos palabras, publicación sin más propósitos que el creerme que tengo motivos para seguir creyendo, y para rendir culto a los que al no rendirse, consiguieron llegar hasta dónde mi camino busca su final.

Desde el corazón de Europa, observo las calles mojadas por el intrépido caer de la lluvia, que nos da tregua contínua ante la incontinuidad de su repiqueteo contra el suelo. A mi alrededor mil caras desconocidas que por un instante se me antoja recordar, y mi sonrisa queda bien arropada al abrigo de las personas que han convertido este viaje en aventura.

La relatividad de la importancia que tiene el poder estar en este lugar, se convierte en irrelevante cuando sabes que en cualquier otra ciudad del mundo lo que importa no es lo que tus ojos observan maravillados mientras descubren nuevos rincones que jamás soñaste ver,  sino que observando atentamente a los que te acompañan en este destino, descubres que la forma de sentir un nuevo lugar nos diferencia a cada uno de nosotros de los demás, y que compartir una sonrisa al mostrar los escondrijos que otros pasaron por alto, te llena más que encontrarlos y vivirlos en soledad.

Los días han ido pasando a una velocidad vertiginosa, y hora tras hora sumas a tu lista de impresiones millones de recuerdos más. Cada calle, cada esquina, cada fotografía y cada sonrisa, tienen un sentido diferente cuando lo compartes con alguien que como tú aprecia las instantáneas que tu mente inmortaliza y que con el paso de los años, se reconvertirán miles de momentos especiales que es obligatorio recordar.

Por todos momentos que habéis convertido en especiales por estar aquí a mi lado,  gracias.