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La carretera me devolvía la mirada con su asfalto irregular y sus líneas blancas, tras haber dejado en ella tantísima goma gastada, y los kilómetros avanzaban más lentamente en mi cabeza que en realidad. Mis piernas me lanzaban gritos de aviso, procurando recordarme que necesitan un descanso, mientras mi cerebro me avisaba suavemente de que no quedan días de fiesta para poner los pies en alto y descansar. Y cuando los ojos se me cerraban por culpa del monótono run-run de la radio buscando una buena frecuencia, las imágenes del día acuden a mi memoria, y veo asomar las sonrisas del reencuentro familiar por entre mis recuerdos.

Tal vez sea por eso, y solo por eso, que por esta vez, el cansancio extremo que ahora me envuelve con su halo de insoportable agotamiento, me guiña el ojo ofreciéndome una tregua, y por esta noche descansará junto a mi cama mientras yo duermo.

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