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Monthly Archives: octubre 2008

Algunas veces, consigo ser capaz de pasarme el día entero ignorando que está ahí, acechando detrás de un rincón a la espera para poder asomarse una vez más. Algunas veces pienso que no está y que es tan sólo mi imaginación la que me gasta la mala pasada y me hace creer que sí que es algo de verdad. Pero inevitablemente, aparece cuando menos te lo esperas, cuando crees que se ha ido para siempre, surge de la nada recordándome que es cierto, que es imposible huir de ello, y que la única manera es aprender a vivir así día tras día, con la oculta esperanza de que una mañana cualquiera, no muy lejana, al levantarme, casi sin ser consciente de ello, me daré cuenta de que se ha ido.

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El sol caía a plomo sobre nuestras cabezas, mientras buscábamos en el cielo al helicóptero despistado que sobrevolaba la ciudad. El sonido del mar tranquilizaba nuestros sentidos, y de vez en cuando el sonido del tren traqueteando por la vía nos devolvía a la realidad. Y esto, es la felicidad. La sensación de extremo bienestar que nos embarga mientras sentados de espaldas a la playa hablamos con calma sobre las cosas importantes que tan fáciles suenan en este marco paradisíaco que nos hemos fabricado por un instante nada más. Y apoyada en ti, en este preciso momento, con sonrisas susurradas compartidas en secreto, somos capaces de saber, que juntos hemos tomado todas las decisiones que nos llevan hasta donde ahora estamos, y que una vez más, volvemos a hacerlo para continuar juntos de nuevo por el desconocido rumbo al que la vida nos lleva.

La carretera me devolvía la mirada con su asfalto irregular y sus líneas blancas, tras haber dejado en ella tantísima goma gastada, y los kilómetros avanzaban más lentamente en mi cabeza que en realidad. Mis piernas me lanzaban gritos de aviso, procurando recordarme que necesitan un descanso, mientras mi cerebro me avisaba suavemente de que no quedan días de fiesta para poner los pies en alto y descansar. Y cuando los ojos se me cerraban por culpa del monótono run-run de la radio buscando una buena frecuencia, las imágenes del día acuden a mi memoria, y veo asomar las sonrisas del reencuentro familiar por entre mis recuerdos.

Tal vez sea por eso, y solo por eso, que por esta vez, el cansancio extremo que ahora me envuelve con su halo de insoportable agotamiento, me guiña el ojo ofreciéndome una tregua, y por esta noche descansará junto a mi cama mientras yo duermo.

Vuelvo por tiempo indeterminado, con energías renovadas, con el alma desgastada, animada y derrotada, un poco anestesiada, dolorida y agotada, pero con las ilusiones intactas y la sonrisa perenne que nunca consigo borrar.

Y es que los días van pasando, y patino sobre ellos como si de hielo fueran, y dejo atrás una semana tras otra como el paisaje que consigues atisbar desde la ventana del AVE, rápido y borroso, y los pensamientos se desdibujan entre las sábanas, porque antes de llegar a la cama mi cerebro dormido se olvida de la vida y desconecta los circuitos que me mantienen alerta, así que tecla tras tecla voy recordando el sonido de esta grata melodía mecanográfica, que tan arrinconada dejé un día y que sin pretender abandonarla se fue desvaneciendo en algún lugar paralelo entre el tiempo que he vivido y el que me quedaba por vivir.

Y sé que este desdibujo es impreciso de los pies a la cabeza, por ser el primero de los reencuentros tras tantos momentos, pero por fin esta semana he tocado tierra de nuevo, y tras sentiros a todos alrededor, un fuerte imán me ha atraido con fuerza, y he caido de nuevo en el mundo que me pertenece, el de la necesidad extrema de teneros cerca.

Gracias por la espera. :***