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El tic-tac monótono del reloj resuena entre las cuatro paredes, recordándome que su maquinaria funciona perfectamente, y que el tiempo nunca se detiene. Intento observar mi vida desde la distancia, y compruebo que la rutina me mantiene viva, y que a pesar de disfrutar al máximo los picos alternativos que se introducen en la vida diaria, cuando realmente me recreo en ellos es cuando vuelvo a mi casa, me pongo ropa cómoda, y me envuelvo con una manta en el sofá mirando a Carlos a los ojos y comentando los mejores momentos del día. La improvisación está sobrevalorada, puesto que tantos años llevamos improvisando que improvisar se ha convertido en parte de nuestra vida y se mantiene semana tras semana inventando nuevas formas de vivir el hueco de tiempo que se abre entre el viernes y el lunes. Y a pesar de viajar lejos, descubrir lugares distintos, conocer a gente alucinante, sé que el mejor momento del fin de semana llegará el domingo por la noche, cuando podamos estar juntos, a solas, y no exista nada más

El tic-tac monótono del reloj resuena entre las cuatro paredes, recordándome que su maquinaria funciona perfectamente, y que el tiempo nunca se detiene. Y mi mayor deseo es, que la rutina de volver a casa cada día, nunca se detenga.

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