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Como una playa de arena blanca y aguas cristalinas asolada por un tsunami, desolada me encuentro ante esta página en blanco, y me duele por dentro el pensar que por un instante creí haberte perdido. El caos y la desesperación se adueñaron de mi mente, cuando vagaba sin rumbo por las calles vacías buscando tu rastro, pero se había evaporado al calor del verano, y un manantial de lágrimas no me dejaba observar tus huellas.

Esperé desesperada, como quien espera un imposible, y susurré entre supiros que volvieras. El mundo se derrumbó ante mis ojos, y por más que grité nadie contestaba a mis súplicas… y cada segundo era una hora, y cada minuto un día, y casi un año completo se me antojó la hora entera que pasé lejos de ti, y acurrucada en el suelo, al cobijo de las sombras, esperé frente a la puerta soñando que ya volvías, desde la ventana observé la calle desierta esperando a que llegaras, y cada momento más me dolía, y mi mente a cada vuelta te pensaba, y mi alma iba tornándose invisible casi transparente, porque el calor que me dejaste se iba evaporando a cada paso que de mí te alejaba…

Y se abrió la puerta, y allí estabas. Y tus ojos me dijeron más de mil palabras. Tus brazos me devolvieron el aire que me faltaba, mientras el temblor de mi cuerpo lentamente desaparecía, y se calmaba. Y un lo siento y un te quiero saben a poco cuando prefiero saborear cada instante a tu lado, al silencio de nuestros corazones latiendo al unísono, al silencio del vacío en el que juntos vivimos.

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