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El domingo ha expirado hace ya más de dos horas anunciando el final de otra semana, y el reloj me susurra al oido con su sonido metálico que es hora de irse a la cama. Pero hoy la inquietud puede más que el sueño, y paseo por las páginas bebiendo a pequeños sorbos de cada palabra escrita para alargar el tiempo antes de arriar las velas y atracar en el puerto más cercano.

No es cansancio lo que escasea, porque hoy me sobra. Tal vez esta noche algo me falta, y doy vueltas a la idea de si estará aquí mañana. Quizá es el miedo a soñar de nuevo como ayer lo hice y observar con impotencia como todo se desvanece al despertar, o el miedo a cerrar los ojos y no poder soñar más. Y tras especular con más de mil teorías absurdas, puede menos la inventiva que la lógica, y con el sol llegará otro día, que está esperando impaciente que yo me duerma, para que las horas pasen y el alba me haga llamar.

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