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Monthly Archives: junio 2008

Estoy tumbada en la cama, mirando al techo. En un par de ocasiones he intentado mirar por la ventana, pero mi cabeza me duele tanto que no tengo fuerzas para moverla hacia ningún otro lugar, así que sigo mirando al techo, aunque lo veo algo borroso. Las lágrimas ya se han secado, pero me duelen los ojos como si llevara dos días enteros sin dormir. Aunque… ¿qué hora es? tal vez sea cierto que llevo dos días enteros sin dormir. Estoy en un estado casi catatónico, ni siento, ni pienso, ni soy capaz de intentar hacerlo, aunque voy notando el frío que entra bajo la persiana entreabierta, y de vez en cuando los gritos y pitidos que se escuchan desde la calle me golpean como si de una barra de acero se tratara, sacándome de mi estado de meditación. Acaricio las sábanas con mi brazo derecho, están vacías, intento recordar por qué están vacías hoy domingo; creo que tú has tenido que marcharte, y las paredes se alejan peligrosamente dejando una casa demasiado grande para mi sola.

Veo entrar algo de luz por la ventana, pero no soy capaz de distinguir si es la luz del día, o todavía es la luz artificial de las farolas que me acompañan en mi desvelo. Tengo más frío que antes, pero la colcha queda demasiado lejos para poder alcanzarla. Hay tanto silencio que puedo escuchar el paso del segundero en mi reloj de Dolce & Gabbana, que quedó olvidado sobre la mesilla, pero no sé calcular cuantos segundos han pasado desde que empecé a escucharlo… casi mejor, probablemente han pasado demasiados, y ya debería estar dormida. Intento arrastrarme hasta tu lado de la cama, quizá asi te sienta más cerca, pero no estoy segura de haberlo conseguido.

Han dejado de escucharse gritos, y pitidos, y la claridad entra con más fuerza que antes, iluminando las sombras del dormitorio. Puedo distinguir tu silueta entrando por la puerta, y dejo escapar un cálido suspiro que se pierde en el camino. No sé si consigo pronunciar palabra alguna, pero siento cómo me arropas con cuidado, y el frío se evapora. Y tú has vuelto. Y es como si nunca te hubieras marchado. Y me duermo.

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Travis – Follow The Light

Creo que he escuchado cantar a los pájaros, debe ser de día. No, no puede ser de día porque acabo de acostarme, y entre otras cosas porque cerca de mi casa no hay pájaro alguno que cante, así que puede que lo haya soñado. Lo vuelvo a escuchar, y esta vez intento fijarme bien, es el chirriar de los frenos de un autobús que pasa por la avenida; así que vuelvo a mi pensamiento inicial, debe ser de día. Pero hoy es sábado, debería aprovechar y quedarme en la cama hasta tarde… tras 3 o 4 infructuosas vueltas saco una mano de entre las sábanas y consigo iluminar el móvil. Las 8:09, demasiado pronto para levantarse, calculo que no habré dormido más de cuatro horas. Hago como que me duermo, pero no hay forma, vuelvo a mirar la hora, las 8:16. No debería despejarme tan temprano, pero ya es tarde, ya estoy despierta.

Con un suspiro perdido me giro hacia Carlos y le doy un beso; se acomoda entre las sábanas y murmura algo ininteligible. Me levanto de la cama. La visita al ordenador es mi primera parada, y el resultado, nada. Echo un vistazo a los mails y entro en el messenger a ver si alguien me hace compañía, pero estoy sola. Tal vez no hayan puesto las calles todavía. Entre fotos, entre foros, entre cd’s y canciones vuela una hora, y aparece Carlos con cara de sueño y el pelo despeinado. Como hoy el tic-tac está de nuestra parte, el bar con nuestro croissant recien hecho nos espera.

Volvemos a casa. Me meto bajo el chorro de la ducha hidromasaje a una temperatura más bien alta; y aprovechando que hoy tiempo no me falta, estoy más de 30 minutos bajo el agua. Tras recomponer el pelo con una sesión de secador + plancha nos acercamos a la obligada visita-despedida de nuestras 20 visiones del Casco Histórico de Zaragoza, y una punzada de nostalgia me recuerda que hoy se acaba. Terraza y coca-cola, hoy da gusto estar al aire libre. Comida basura, pero menos basura de la que acostumbro, nota mental, llamar al médico lo antes posible, el estómago me está matando. Deambulando por las estrechas calles del casco, como quien no lleva rumbo fijo,aunque guiados por Javi y Diana que son los que nos llevan hasta allí, llegamos hasta el Plata. Nunca creí que viajar en el tiempo fuera tan sencillo, de repente hemos aterrizado en algún lugar perdido entre los años 20 y los 70, y el escenario, las columnas de espejos y los colores chillones nos saludan al entrar. El espectáculo, el ambiente, el lleno absoluto, las coristas, los strippers, es difícil recordar que al otro lado de la puerta, brilla el sol.

Son casi las seis, todavía me queda un rato para dormir la siesta, esta noche va a ser larga. El esmalte de uñas no se ha secado, tendré que esperar un rato más antes de acostarme. Me dejo caer en la cama, y creo que consigo dormir durante casi 10 minutos seguidos, pero alguien me despierta para recordarme que España juega mañana, y que hoy me toca jugar a mi. Las siete… estoy agotada, ¿dónde quedaron mis ganas de dormir? Esparciendo todos mis cosméticos por el lavabo consigo hacerme un maquillaje bastante aceptable, con pinta de ser eterno, y salimos volados hacia el punto de encuentro. Media hora de espera allí y otra media de espera en el restaurante, comienza el espectáculo.

La cena la recuerdo con trazos difusos, vino, comida, vino, más comida, vino, agua, más vino… ni siquiera me atrevo a probar el postre, porque no creo que consiga trazar una linea recta desde el plato hasta mi boca. Tras asegurarme de no haber dejado ninguna botella viva, me despido de los restos de mi copa para cambiar de aires.

Más esperas, empieza a ser agobiante, y La Tierra gira cada vez más deprisa. Cuando consigo sentarme en un portal todo se estabiliza un poco, pero no me creo capaz de volver a levantarme. Mantengo momentos intermitentes con una romántica farola, y tras una conversación con Santi, y con la gente que entra y sale con la copa en la mano, consigo levantarme, una botella de agua me devuelve a la vida, y llegamos al Oxígeno con ganas de fiesta. José Miguel contra todos, todos contra la música, las copas bailan, pero yo ya no bailo con ellas, y el pum-pum-pum es casi hasta agradable. Salida, vueltas, decisiones, camino, vuelta, más decisiones, nos cierran la puerta de nuestra última opción elegida, y Javi y Begoña ofrecen su casa como refugio. Aqui me dejo llevar por Morfeo, y el sofá me acuna durante un rato, no sabría decir cuanto. Carlos se sienta a mi lado, me mira y me sonríe, le conozco tanto que con eso me basta para saber que ya quiere marcharse, hoy trabaja, y dormir es lamentablemente necesario. Despedidas, largas, cortas, a presidentes y a ministros, al resto de componentes y de readmitidos, caminata bajo el sol hasta el taxi más cercano.

7:43, Llegada a casa, meto la cabeza bajo el grifo y me pongo el pijama 8:16, nota mental, debería dejar constancia de este día para que no se olvide. 8:17, mejor lo escribo ahora antes de que me venza el cansancio. 8:41, publicado. 8:42… Última parada: CAMA.

Hoy le guiñé un ojo a la luna, porque te vi reflejado en ella. Bebo de la noche como si un licor caro se tratara, fantaseando con el día en que pueda dormir tan sólo iluminada con su reflejo, soñando viajar tan lejos, a un lugar donde tan sólo el sonido de tu aliento me acompañe, donde el cielo nos cubra por completo, observar a las estrellas hasta que amanezca, y descubrir a tu lado la primera luz del día mientras tus brazos me protegen del frío seco del otoño, y las hojas nos envuelven cuando el viento las arrastra, y nos recuerdan que estamos solos en un universo que se creó para nosotros.

Cuando las palabras vuelan delante de tu pantalla, cuando te deslizas por las teclas tan deprisa como por la vida, cuando el reloj gira a más velocidad de la debida, cuando me buscas, y te conformas tan sólo con encontrarme, cuando las líneas vuelan, cuando las letras sobran, cuando faltan, cuando esperas, cuando me desespero, cuando me quieres y yo te quiero, cuando te miro pero no te veo, cuando me asomo y tú no me has visto, cuando el mundo gira pero tú no, cuando son justo las doce y no se sabe si el día termina o si acaba de empezar, cuando yo llego, cuando tú te vas, cuando las miradas se cruzan al pasar, cuando crees que es el principio y estás llegando al final, cuando sabes que los errores te cuestan cada vez más, cuando estamos juntos, cuando todo funciona, cuando yo sonrío y tú me adoras, cuando el tiempo se detiene… las horas vuelan demasiado deprisa como para poder contarlas, y es que hasta los momentos perfectos, se terminan.

Maybe Tomorrow (Stereophonics)

Hoy busqué en mi memoria, busqué en el hueco que queda entre una vida y la siguiente, intenté recordar tiempos pasados, quise buscar la luna y no la encontré, busqué en la oscuridad de la noche, y a plena luz del día, miré a los dos lados de la calle, y recorrí las aceras, pero perdí las preguntas antes de encontrar las respuestas. Y respondiste por mí, y supiste exactamente qué quería preguntar, y recordé que hay cosas que se escapan a la razón, y siento que hay sentidos que no tienen sentido, y por fín supe que a veces suceden cosas inexplicables, y me aproximé al teclado para poder contarlo, pero cuando fui a escribir, las palabras ya estaban allí, y no las había escrito yo.

Con las manos en los bolsillos, con aire indiferente, con grandes diferencias, cargada de ilusiones, con la sonrisa puesta, con toda mi energía, rebosante de vida, con las manos inquietas sin saber qué hacer con ellas, mis pensamientos vuelan, y hacen trazos en el aire que se hoy convierten en letras.

Con los ojos abiertos, o cerrados, con los dedos manchados de tinta, con el desorden propio del poeta y las hojas arrancadas, con los sueños arrancados, con el sonido del vacío, con el vacío del silencio, con el silencio de las páginas que todavía siguen en blanco, con las palabras calladas que nunca serán escritas, con la música apagada y con una melodía melancólica y gastada, que tal vez munca será escuchada.

La calma llega, y tranquila se apodera de mi como ayer se apoderó la furia, me despido de la rabia casi contenida, y la lluvia cae lentamente a través de la ventana. Y recuerdo, mientras la noche deja paso al día, el sonido amortiguado y el eco de un piano lejano, las notas que alguien compuso para que el sol comenzara a asomar entre las nubes, y que me transmiten la serenidad que necesito. Hoy será un buen día, porque hoy me has mantenido la mirada, y tu sonrisa me ha susurrado que siempre estarás conmigo. Hoy, será un buen día, porque mis fantasmas quedan muy lejos y sé que tú estás a mi lado. Hoy, será un buen día, porque hoy ya nada importa y el ayer se ha perdido más allá del horizonte. Hoy será un buen día porque he recuperado la fuerza, y porque sin querer me traicionan mis sonrisas. Hoy será un buen día, porque hay tantos por qués que esperan respuesta, que nada en el mundo merece que hoy desperdicie mi vida, con otro mal día.

Clair de Lune (Debussi)

Fuego, hoy La Tierra es fuego, el mundo se rompe, y los volcanes se han vuelto activos de repente. Un gran terremoto ahoga el sonido de mi voz, que apenas se escucha al otro lado de la pantalla. Fuego, hoy soy fuego, y me estoy abrasando sin remedio. Hoy a nadie le importa, hoy el calor traspasa las fronteras y la desesperación se adueña de mis palabras. Hoy no hay palabras suficientes para poder expresar la ira, hoy faltan las letras que expresan cómo el calor abrasador quema. Hoy abro los ojos y puedo observar no existe nadie con quien contar ahí fuera, que vivimos, y sentimos, y morimos solos, que el caos se ha adueñado del mundo, y que por mucho que nos esforcemos en que nuestros gritos atraviesen las ventanas, nadie los escucha.

Poem Without Words (Anne Clark)

Ver a Iker Casillas parando el penalti que nos ha dado el paso a las semifinales, observar como a mi alrededor todo el mundo grita de alegría, compartir las sensaciones extremas que nos hace sentir algo tan prosaico como en este caso el fútbol, me hace recordar que en algunos momentos, lo más valioso que existe es poder sentirte agusto con las personas que te rodean.

Los nervios contenidos, los gritos ahogados, los latidos extremos, las miradas indecisas que no saben si expresar desolación o esperanza, las medias sonrisas, las respiraciones entrecortadas, todas las emociones que se unen y se convierten en una sola. Y durante más de 120 minutos, el histerismo nos consume, las apuestas se disparan, nos miramos unos a otros con miedo de que todo termine, y confiando que en el último momento, suceda el milagro que hemos estado esperando.

Y entre risas, y observando el televisor con los ojos medio abiertos, entre gritos y silbidos, el destino nos sonrie, unos guantes de acero nos devuelven la última esperanza, y el corazón se dispara recordándonos, que no sólo hemos conseguido derrotar a Italia tras un partido de infarto, sino que juntos, hemos convertido una triste tarde de domingo, en una fiesta para olvidar que nuestro fin de semana ya casi ha concluido.

Por más que lo intento, no puedo escuchar el rumor de las olas, ni sentir la brisa que acaricia mi piel de vez en cuando. Demasiada gente, demasiada temperatura, demasiado ruido, esta NO es mi idea del descanso, ni del lugar en el que en estos momentos me gustaría estar. Intento concentrarme en las páginas que tengo delante, pero el calor hace que las letras del libro que intento leer se vean borrosas, por lo que Avril Lavigne me hace compañía recordándome canciones que casi tenía olvidadas, haciendo que te recuerde en cada cambio de estrofa, e intento cambiar el rumbo, y consigo marcharme lejos hasta llegar a mi paraiso particular. Cierro los ojos, me olvido de que el resto del mundo existe, me olvido de que tú no existes, me olvido de que a mi alrededor millones de personas se agolpan para conseguir un trozo de arena libre, y me transporto a un lugar muy lejano, perdido entre dos montañas, y casi puedo sentir el frescor de la hierba sobre la que estoy tumbada. Escucho el sonido del agua caer desde una cascada, y continuar sinuosa hacia el cauce interminable de un río, escucho cómo el viento hace cantar a los árboles, y siento que todo lo demás no importa, y siento que más allá del horizonte nada existe, y siento cómo sientes, que en este preciso instante, este es el único sitio dónde te gustaría poder estar, el único lugar del mundo, donde a mi me gustaría poder estar contigo. Y al abrir los ojos, me deslumbra un sol tan potente y desafiante, que me recuerda que no se vive de sueños, y que la batería de mi ipod, está gastada.

I’m With You (Avril Lavigne)