Durmió durante más de diez horas, y perdió un bostezo entre las sábanas al escuchar el sonido del inquietante silencio típico del despertar en las mañanas de los días de fiesta. Recordó sin esfuerzo su invernal sueño, y pensó que con dos grados bajo cero, nada es más apetecible que bailar bajo la nieve sobre un manto de hierba escarchada, dejando que los copos acaricien tu rostro y se deshagan inevitablemente al contacto con la piel.

Siguió soñando despierta, con su taza de café entre las manos, y tras invertir diez minutos en una ducha muy caliente, conjuntó sus pantalones de pana y sus botas de agua, con un jersey de cuello alto, una sudadera adidas y la cazadora roja que aunque ya está algo gastada, sigue siendo una de sus prendas favoritas. Salió del portal enfundándose los guantes, con la sonrisa puesta bajo una larga bufanda y escondiendo sus orejas con su gorro de lana deshilachada, con una borla en la punta que la hacía parecer más alta…

…y miró al cielo.

Y su alegría se desvaneció al momento.

Y el sol, que no entiende de deseos, brillaba allí en lo más alto, de aquel caluroso quince de agosto.

Abro los ojos y te sueño,
alma encadenada a la locura de un secreto,
el que todos ocultamos muy adentro.
Cierro los ojos y observo
el caminar desesperado del ignorante
que cree que la vida es sencilla…
no hay camino más complejo
que el de mantener la cordura
mientras los días te demuestran que de nada servía.

No soy quien el espejo refleja,
ni quien tus ojos miran,
por eso bajo la lluvia eterna
los minutos pasan cada vez más lentos
mientras una desconocida me devuelve la mirada
con la inconsciencia de creerse invencible
con la coherencia de pensarse eterna
con la incoherencia de pensarte eterno
con la dulzura del deseo
con la inadecuada idea de empezar de cero.

Aún no me he despedido, y ya estoy echando de menos eso que algunos llaman la inmensa nube negra que es Madrid. Mi Madrid. Mi Madrid de prestado, se entiende, porque tras 28 años de ausencia no creo sensato reclamar derecho ni propiedad  alguna, ni siquiera en un sentido alegórico de la palabra, y consciente soy aunque me pese, que seis o siete días al año no bastan para mantener los privilegios de patrón y dueño que fugazmente me pertenecieron cuando nací aquí.

Madrid no es sólo estar, hay que sentirlo, inspirar la libertad que se respira, mirar a tu alrededor y ver que no eres más que uno de los eslabones de la cadena de historias que surgen en esta ciudad que me mata, que nunca duerme, que con su embrujo te atrapa y te guía entre sus calles sin dejarte perder tu camino.

He desgastado suela durante horas, marcando a mi paso las huellas que me han llevado sin descanso una y otra vez de Goya a Sol. Tantas idas y venidas no han hecho más que reafirmar mi teoría de que el Madrid subterráneo es para cobardes o para vivir con prisas, que las aceras están puestas para emplearlas, y deslucir baldosas es la única manera de respirar el aire que sopla sin sentirse, y que sabe diferente en cada esquina, sabe a poder en Serrano, a paz en el Retiro, a sonrisa y música en Fuencarral.  Y si, también sabe a gris en Recoletos, a multitud en Gran Vía y a gasolina quemada en Alcalá y Atocha, pero merece la pena conjugar la melodía, que se escucha a cada paso nuevo que das por la ciudad.

Lo peor, la vuelta… el despedir los neones sin sentir nostalgia, el decir un hasta luego a los teatros en los que reído y llorado sin reserva alguna, el pensar un ojalá para los que por falta de tiempo me perdí, (quién sabe si a mi vuelta seguirán en cartel), y el volver a una ciudad que se cree adulta, y a la que sus habitantes no quieren ver crecer.

Y ya sin más, tendré que bajar a tus entrañas para en tu metro llegar a mi tren… adios una vez más, Madrid. Me marcho a casa, pensaré en ti… Volveré a ti.

La vida tiene un sonido propio, el latido que olvidamos que existe, el que nunca nos paramos a escuchar. Fuerza la máquina, olvida que existen los límites, camina, huye, corre hasta que la falta de aliento te lo impida, cruza las fronteras, abandona en cada paso un trozo de asfalto, y sigue corriendo hasta que tan sólo la tierra y los árboles te acompañen, hasta que susurro del río sea un rumor constante, y detente.

Y escucha.

Y siente por primera vez que La Tierra realmente gira, y que el universo verdaderamente es infinito.

Tumbate sobre la hierba mojada y despierta, escucha cómo tu corazón se desboca, cómo cada parte de tu cuerpo está conectada con el mundo, cómo la gravedad te atrae hacia el suelo con su fuerza sempiterna y cómo el sonido del silencio palpita en tus oídos con gran potencia. Observa las nubes cómo escapan, y considérate atado a este planeta.

Siente la atracción magnética, siente cómo tu calor se funde con la superficie rugosa de la tierra, deshazte de tu energía, desafía las leyes de la termodinámica, déjate llevar por el caos, siente cómo aumenta la entropía, siente ahora fluir tus pensamientos sin barreras y mezclarse en este agujero negro que es tu día a día.

Y piensa, y deja que pensar sea algo innato, deja que sea tu cuerpo el que decida, cerebro, corazón, busca sentido a tu vida, deshazte de todas las ideas preconcebidas, olvida religiones, familia, culturas, y dale respuesta a tus preguntas, sé que todos tenemos muchas.

Imagina, crea tu propia utopía, sumérgete tus fantasías, apura al máximo lo feliz de esta irrealidad, y no desesperes, deshecha lo que creiste imposible y sueña con conseguirlo, deja que tu alma abandone la prisión a la que la encadenas y que vague libre hasta encontrar tu destino, porque quizá esté cruzado con el mío.

La vida tiene un sonido propio, el latido que perenne nos recuerda que existimos, el que a partir de este momento no nos dejará jamás indiferentes, el que en su flujo constante, nos hace reales.

The Verve – Bittersweet Symphony

Cada minuto que pasa, voy navegando entre las palabras que se agolpan en mi cabeza sin sentido. Es una lástima no tener la capacidad de ordenarlas en las frases tal y como se merecen, entrelazando en cadena páginas y páginas de la misma historia. Cada segundo que espero, pierdo una oportunidad de aprovechar el tiempo, y una vez más mi instinto me susurra que no sólo se vive de recuerdos.

Es arte lo que me guía, cada noche antes de reposar mi pelo en la almohada, a devorar las páginas de lo que pudo haber sido, buceando entre las historias que otros se atrevieron a compartir conmigo. Es magia lo que cada día, me hace sentir que la melodía de las letras nunca termina.

Narrativas inconexas, es lo único que en la vida pude ofrecerte, bailando al son de las notas que desde siempre me acompañan, y cuyos pentagramas guardé bajo llave en mi memoria junto a los restos abrasados de lo que en una época fue mi único escape y mi consuelo.

Encadenada al horror del escritor frustrado, de la felicidad encontrada, del músico que aparcó su sueño para abrir su corazón y al dolor del poeta errante que  al encontrar su hogar perdió su lírica entre las mantas de una cama cómoda y caliente. Encarcelada en tus ojos y entre tus brazos, dulce condena que voluntaria me espera, y si el precio por vivir una sonrisa es regalarte el alma que envuelve de mis sueños perdidos, que así sea.

I Feel Fine – Riddlin Kids

Hay ocasiones en las que es necesario dar un grito para poder parar el mundo.

Son esos momentos en los que la vida te supera, el trabajo te agota, y el teléfono no deja de sonar. Va unido a noches en vela, al dolor de espalda, a sonrisas falsas, a malas maneras, a los nervios incontrolados que te aceleran más y más, a la estúpida jaqueca que aparece cuando menos la esperas, al taladro del vecino que no se cuántos agujeros habrá hecho ya, a perder el norte, a odiar el instante, a mirar los gastos y querer que la tierra te trague, a las fórmulas matemáticas, a los cortes de agua, a las cábalas mentales que organizan lo que harás mañana, a los vasos rotos, a comidas quemadas, a las manchas de aceite que no se van, a las camas deshechas, a la ropa amontonada, a cuando buscas algo que no está, a la lluvia sin paraguas, al sol cuando llevas abrigo, a las personas que te recuerdan que no vas a llegar. A llamar y que nadie te conteste, a pegar un portazo que nadie escucha, a darle la espalda al mundo y descubrir que el mundo está detrás, a soñar despierta, a despertar antes de hora, a girar la llave y que la puerta no se abra, a caminar por un suelo liso y tropezar. A perder el autobús en tus narices, a que no queden entradas en el cine, a poner la tele en un rato libre y tan sólo ver publicidad, al ordenador que se cuelga cuando más lo necesitas, a las palabras que se pierden por no guardarlas, a las notas importantes que el viento arrastró a volar. A los compromisos perdidos, los records no batidos, y a las lágrimas de rabia que no se sabe donde van.

Hay ocasiones en las que es necesario dar un grito para poder parar el mundo. Y tras el ensordecedor sonido que te hace parecer enloquecida, tan sólo queda la calma, y gracias a  eso… me siento bien (I feel fine).

Green Day – Walking Contradiction

De repente te siento más cerca, separado por tan sólo un par de pulsaciones que a falta de ritmo exacto se desdibujan entre los sonidos que se cuelan por las ventanas. Sin sentido enloquezco por tu mirada, que imagino me devuelves tras la pantalla aun ignorante de que la busco en cada palabra.

De repente te siento más lejos, y por más que lo intento no consigo escuchar los latidos que constantemente se repiten durante una y otra vez. El sentido me falla cuando sabes que imagino que me devuelves la mirada tras cada página.

Hoy vi mi nombre entre tus letras, cual crucigrama escondido tras definiciones exactas, donde un error te estropea la página, y una vez más me pregunto dónde estarán los cuadros que faltan.

Te espero escondida, deseando que me encuentres, deseando que nunca me encuentres. Te aguardo entre las sombras, observando cómo las luces de la mañana se cuelan a través de la oscuridad errante, y ansío encontrarte…, y ansío nunca encontrarte.

Pink Floyd – A Great Day For Freedom

Pierdo mi voz por entre tus susurros, y es que ni siquiera gritando consigo adivinar qué es lo que estoy diciendo. Pierdo mi mirar entre tus ojos, y tan sólo lo que tú ves es lo que yo observo. Me acarician tus desaires y tus risas, que ignoran que para mi son cálidas como el hierro que espera día tras día bajo el sol de agosto.

Atrapa los sueños, tú que puedes, y aferrate a tu libertad con uñas y dientes. Invoca a los dioses, deshazte de la capa de humano imperfecto que te envuelve, y levanta la vista al cielo cuando la lluvia caiga sobre tus pasos, porque tras cada una de tus pisadas, alguien reinventa tu camino, que va y viene.

Déjame soñar que hoy todo es posible, y que los errores se equivocan al llamarse tales. Déjame gritar contra las nubes, y escucha cómo mi garganta se rasga entre tu silenciosa calma. Permite al caos reinar mi vida, a la incoherencia reinar mis noches, a la anarquía entrar en lucha con mi paz interior. Demuéstrame que estoy equivocada, y que mañana, podría terminarse el mundo, resultando vanos todos mis intentos de absoluta corrección.

Siento una vez más que el reloj me consume, y que entre rejas doradas observo pasar la vida a mi alrededor mientras me desgastan las horas. Siento, y de verdad que lo siento, el haberme creído en algún momento que viajar en el tiempo era tan simple como cerrar la puerta y empezar de nuevo.  No creo que haya respuestas para saber cuándo algo es correcto. Ni siquiera creo que existan las preguntas suficientes para eso. Tan sólo se que los errores no caen del cielo, y que desear equivocarse no es siempre lo más recomendable, aunque a veces un fallo sea un gran acierto.

Miro, y no te veo. Pero te observo tras los cristales empañados, y pienso por un instante cómo sería ser la bruma que navega entre el mundo entero. Miro, y me desespero porque necesito más palabras, ya que mis imágenes se quedan mudas ante mis ojos, y no consigo descifrar el código que me ayude a descerrajar el miedo. Así que me callo, me encojo, y observo. Observo día tras día, tras el portal cerrado, como el marco desgastado que está en el escaparate expuesto y no hace más que ver pasar los minutos sin remedio. Así que cierro los ojos, y me observo. Y hay veces, semanas, meses, que no me gusta lo que veo. Y hay veces, semanas, meses, en los que todo es perfecto.

Y los ciclos se suceden, van y vienen, e intentas descifrar la ecuación en la cual se basa el caos de la vida y lo que ello supone, pero créeme, no  hay matemática en el mundo que explique el camino que eligen mis estrellas, y tan sólo tus sueños son lo que realmente tienes.

Para. Siente. Escucha.

Así suena el silencio.