Para. Siente. Escucha.

Así suena el silencio.

Hoy vuelvo a caminar sola, como tantas veces, solo que hoy añoro tu esencia, que me ha acompañado día y noche durante el último mes de nuestras vidas. Esta noche antes de cerrar los ojos, despierto con la certeza de que nada es eterno, y que los cambios son los que nos llevan día tras días hacia nuestra propia forma de suponer la realidad.

Hace días que pisé al fin este suelo, que terminó el sueño, que se apagó el cielo, pero hasta que tú no has empezado a marcharte he llegado a pensar erroneamente que el curso de la historia no siempre es efímero, y que los momentos perfectos pueden existir para siempre.

Pero con añoranza, con esperanza, con los recuerdos del ayer y las promesas del mañana, esperaré a que despierte un nuevo día, en el que tan sólo la carretera y nuestros nuevos sueños nos lleven de nuevo a pasear junto al Sena, o a observar un contraluz cuando el sol se apaga. Volveremos a subir a lo más alto y a sentir el entre los labios el dulzor del hielo derretirse bajo el giro constante de la noria, y cuando desde el carrusel de la ignorancia observemos al infinito los arcos de la victoria, la promesa de un nuevo verano nos ayudará a abrazar las cálidas noches de septiembre.

Les yeux ouverts – The Beautiful South

Y hoy el presente no es suficiente, acariciamos los anhelos del futuro con manos suaves y corazones temblorosos, zambullendo las ideas en un mar de ilusiones que confías salpiquen a ambos lados con cada inmersión.

Y será otro 19, siempre el 19 que es el de las fechas importantes, el día en el que ocultando el miedo caminaré bajo las alas del gran pájaro de acero, cerraré los ojos para acompañarte a donde nos lleve el viento, y donde las aves dormitan exploraremos juntos un lugar nuevo.

No hay catedral tan grande, ni torres tan altas que logren ni por un instante atemorizarme, porque sé que el mejor paisaje no está en el cénit ni en la cumbre, mas me basta con observar el reflejo en tus ojos para conseguir emocionarme con las vistas, que tu vista me hace llegar tan cerca. Y si en algún preciso instante mis piernas fallan ante el vértigo y la gravedad me llama sigilosa, la confianza en tus brazos me ayudará a sonreir y a respirar otra vez.

Y bajo los párpados, para intentar borrar el miedo, y en la oscuridad me fundo para ilusionarme de nuevo, y entre las sábanas me rindo al más profundo sueño, que me traerá cuando él quiera un nuevo mundo.

Paco de Lucía – Entre Dos Aguas

El viento del Norte trajo hasta aquí una hoja casi en blanco, desgastada por las esquinas y con la tinta desdibujada por el paso del tiempo que ayudado por Bóreas la llevó a dar la vuelta al mundo durante los años en los que se abandonó a tal aventura, volviendo como cada Mayo a recordarme que las palabras que se escribieron son las únicas que no se desvanecen aunque desaparezcan y se olviden.

El viento del Norte asoma por entre las estrellas, arrastrando sin piedad a su paso cada una de las luces que atrapadas en la oscuridad caen cual cometas ofreciendo absurdos deseos de futuro que tan solo son anhelos del presente, y que llevados por la tramontana sacudirán nuestros días si hay un poco de suerte.

Y mientras el agua cristalina enturbiada por la arena a la que envuelve lucha desesperada contra los aires que la encarcelan y la privan de su autónoma voluntad, yo me abandono sobre la tierra mojada, y bajo el sol transparente que pelea entre las nubes por conseguirme navego entre dos aguas, libre como un pájaro en su jaula, independiente como el viento del Norte que sopla constante y sin barreras, en una sóla dirección.

Pasan los minutos, y las horas, y los días, y se desvanece el tiempo perdido tras los susurros del viento entre las hojas. El agua, que con su corriente arrastra a los demonios que me abrazan, resuena a nuestro paso por su orilla, mientras me proteges de los escalofríos que provoca la brisa cuando se esconde el sol.

Y sin cerrar los ojos, mi alrededor se desvanece, quedando sólos tú y yo y lo que realmente importa. Y sin abrir los labios, las palabras surgen de mi boca y llegan hasta tu alma, que con tu mirada me responde que mi sonrisa es tu vida, y que tras la calidez que me envuelve cuando tus brazos me envuelven, hay todo un mundo que se inventó tan sólo para nosotros dos.

Puedo pensar que es un comienzo, y no un final. Puedo creerme que esta vez lo voy a conseguir. Puedo mirar el reflejo en los charcos y saber que el sol los secará, y soñar que cuando vuelva a llover una sonrisa caminará bajo la intensa lluvia salpicando al mundo mientras, sin temor a nada, busca un nuevo charco en el que reflejarse y verse tal y como quiere ser.

Puedo olvidar las presiones, puedo empezar de cero cuando yo quiera, puedo escoger los días idóneos y los momentos necesarios, puedo hacerlo como a mi me apetezca, pero puedo hacerlo, y voy a gritar al cielo para que busque entre los rincones más oscuros, tras las farolas aún apagadas, porque mi voluntad se replegó, sigilosa desapareció tras una esquina y ya no volví a encontrarla.

Es etérea la promesa del reencuentro, son caóticas las vueltas de mi cabeza, son fuertes mis convicciones y con el toque de excentricismo que rara vez dejo asomar, vuelvo a sonreir, y con la mirada perdida tras las cifras desdibujadas de la pantalla, vuelvo a empezar.

How to save a life (The Fray)

No hay ausencia, cuando el hueco que dejaste tras mi espalda se rellena con el recuerdo de que hasta hoy aquí estuviste, aunque entre sueños algunas veces intento buscarte y tan sólo el aire frío se cuela por entre las sábanas avisando a mi instinto dormido de que hoy no estás aquí conmigo. Y abandono lentamente sobre la almohada a mi conciencia, que la inconsciencia busca desesperada para poder sentirte, y abandonarme al delirio de sentir que durante las horas en que el cielo acoge a las estrellas, tú entre mis brazos me acompañas en mi dormir pausado mientras espero que la luz de la mañana traiga hasta mi tu sonrisa, que como cada mañana, me ilumina.

No hay ausencia, si en cada nota que escucho estás presente, si tu presencia todavía perdura, si todavía no se enfrió el hueco en el que tú hasta hace un rato dormías. Si la ausencia es abandono, y el abandono es huída, no hay ausencia que pueda sentir al saber que ya estás pensando en tu vuelta, y si no fuera porque el sol desesperado cada día nos obliga a separarnos, tú y yo nunca tendríamos tiempo de echarnos en falta, porque  aunque hoy tú me faltas, sé que mañana la dulce espera dará paso a un nuevo día, y tan sólo por tu beso al amanecer habrá merecido la pena.

Me encanta la niebla. Me gusta cómo turbia te envuelve y te encierra tras una ventana abierta, para que acaricies su humedad con tu piel cuando la atraviesas. Esa sensación de estás sólo y de que a menos de un metro quizá se termine el mundo, el tener que caminar sin rumbo, descubriendo algo nuevo a cada paso que atraviesa el translúcido espesor que no te permite observar más allá de dónde tu estás.

Me gusta la niebla. Sobre todo porque suele ir acompañada del frío que intenta colarse entre las rendijas de tu abrigo sin conseguirlo, dejando al tacto sin sentido y el resto de los sentidos alerta se mantienen a la espera de que encuentres un camino al otro lado de la bruma que se cruza ante tus ojos.

Quizá el futuro se esconda a nuestra imaginación como el más allá por la niebla es encubierto, apareciendo difuso ante nuestros ojos y variando a cada paso que avanzamos, quizá el pasado sea como la nube borrosa que observamos al mirar atrás entre la calina, recordando sin detalles concretos lo que nuestras miradas creen haber visto, desdibujando el trazo que tan marcado parecía y que ahora se desvanece por la distancia o por el tiempo, que tan distante se encuentra ahora.

Nada puede compararse a la niebla, nada como estar sóla en un lugar lleno de gente, o como perderte una y mil veces dentro de una calle que bien conoces. Nada puede compararse a olvidar la claridad por un momento, y observar a través del nuevo prisma que te atrapa entre sus brazos, cómo nada es tan cierto cómo parece, y que el mundo es el mundo que tú quieres que sea cuando tan sólo puedes imaginarlo a través de esta cortina de nubes que hoy te envuelve.

No es noche lo que ahí afuera me espera, aunque el sol se esconde en algún punto infinito del cielo, oculto por la densa capa de nubes que lo envuelve. No es una sonrisa lo que hoy observo en el espejo, porque agotada me rindo al cansancio que se ha adueñado de mi cuerpo, y me pide más y más cama. No existe analgésico legal para la debilidad que me consume, y aunque atrás quedaron los días en que la enfermedad se aliaba con la fiebre para dominarme, hoy las brasas de aquel fuego todavía me queman, y a plomo caen mis sentidos sobre cualquier superficie plana.

No es noche lo que ahí me espera, aunque en la oscuridad fría desperté sola y desarropada, y en esa noche cerrada el tic-tac me dio una tregua de varias horas para despertar una vez más con ansias de un nuevo día, pero al alba, cuando el canto desafinado del reloj me avisó de la llegada de la luz, la busqué entre las tinieblas sin encontrarla, y sin buscartelo encontré entre mi destino, al sopor que con sus sábanas negras me envuelve, y me arrastra de nuevo hacia el abismo.

Unidos irremediablemente, de la forma en que siempre soñé que sería, paseando por la vida de la mano mientras me sonríes y me pierdo en tu mirada soñando que toda una eternidad se me hace corta si estoy a tu lado, y que mil universos esperan nuestra llegada juntos, como siempre ha sido.

Unidos a pesar de las barreras que nos mantuvieron alejados, hasta que llegó el momento en el que el destino decidió que era correcto conocernos. Unidos a pesar del frío, que a mi me llamaba sigiloso mientras a tí te acuchillaba cada madrugada, y ni siquiera las ventiscas consiguieron separarnos, pues te envolví entre mis brazos para mantenerte a salvo del temporal.

Pasan los meses, y los años, y la felicidad que parecía haber llegado a su punto más álgido sigue avanzando y convirtiéndose en un sentimiento cuya palabra para definirlo ni siquiera se ha inventado todavía, y los minutos se vuelven estrellas cuando estoy contigo, que dentro de mi se clavan cuando te espero llegar cada tarde, cada mañana, cada noche, cada segundo que esperanzada espero tu llegada de nuevo.

Juntos, siempre juntos, nunca pude pensar siquiera en un estado diferente, tantos años te esperé hasta que llegaste que el mundo se frenó en seco el día de conocerte, y cuando en tus pupilas observo el brillo perenne de mi reflejo, me pierdo rodeada por tu cuerpo y pienso, que la felicidad no es nada más, y que tú y yo la vivimos día a día, y que te quiero.

Por muchos años más.